Una abuela me decía.
Ven a mí te quiero mucho.
Sacaba de su faldriquera,
corruscos de pan pachucho.
Pequeños trozos de pan,
muy duros y de centeno.
Con cariño me decía,
¡Cómelos, que están muy buenos!
Estaban de puta madre,
con gérmenes muy nutrientes.
Bien chupados por su lengua,
pues ella no tenía dientes
Los cogía por vergüenza,
porque tenían solera.
Los cogía por vergüenza,
porque tenían solera.
Llevarían más de un mes,
dentro de su faldriquera.
dentro de su faldriquera.
Estaban rebozados,
de sabor indefinido.
Ella no usaba bragas,
andaban cerca del higo.
Microbios sin conocer,
Microbios sin conocer,
No existían antaño,
fácil pensar así,
nunca me hicieron daño.
nunca me hicieron daño.
Siendo un poco más mayor,
se los echaba al gorrino.
Para que engordara más.
Y poder comer tocino.
El que no vivió esos años,
no lo podrá comprender.
no lo podrá comprender.
La pobre abuela me daba,
lo que no podía comer,
Decía que me quería,
con amor y con pasión.
Yo la habría querido más,
con un trozo de jamón.