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martes, 6 de enero de 2026

El Hornero "Manos de Trapo"



El Hornero "Manos de Trapo"

Se las da de constructor haciendo hornos de barro, pero es un gran chapucero que no vale ni un cigarro. No ha hecho uno derecho desde que entró en el gremio, y al que lo llama "hornero" habría que darle un premio.

Se pringa hasta las orejas moldeando los adobes, y aunque le pone empeño, ¡no hay quien lo vea y no robe! Como usa barro y paja y es un poco descuidado, va siempre hecho un gorrino, perdido y embarrado.

El hombre no tiene letras ni sabe de ingeniería, y todo lo que levanta se dobla al tercer día. Como no tiene estudios ni oficio profesional, lo que empieza con orgullo acaba en un dineral.

Para cuadrar los ladrillos no encontraba la postura: si los ponía por fuera se le iba la estructura. El dueño le pega un grito: "¡Me has hecho una porquería!", y él contesta: "No se apure, que cambio de técnica hoy día".

"Ahora los pongo por dentro", dijo el tío muy convencido. Y el horno quedó niquelado, ¡ni el de un rico ha lucido! Aquello era una belleza, redondo y bien rematado, pero el tonto, por su cuenta, dentro se quedó atrapado.

Como hizo la puerta chica —porque es corto de entendederas—, no le pasaban los hombros ni aunque usara una escalera. Solo asomaba el hocico, con cara de circunstancias, mientras los vecinos ríen a base de bien las gracias.

¡Socorro!, grita el mendrugo, dentro de aquel cascarón. La que ha liado el "maestro" no tiene comparación. Pasa un borracho de vuelta, lo mira con duda aguda, y suelta: "¡Vaya con Dios, que se joda esa tortuga!".

jueves, 1 de enero de 2026

El hornero y sus chapuzas.



Construye hornos de barro, es un gran chapucero; nunca hizo uno bueno, le llamaban «el hornero».

Los hacía con adobes, eran adobes de barro; con el material que usaba andaba siempre muy guarro.

El pobre no tiene estudios ni formación profesional; todo lo que el hombre hacía le salía bastante mal.

Para sujetar los adobes no encontraba la manera; todos se le caían si los ponía por fuera.

El dueño le recrimina, él solo dice: «Lo siento. Cambiaré de sistema: ahora los pongo por dentro».

El horno queda perfecto, ¡eso sí es una belleza! Pero cuando quiere salir, solo asoma la cabeza.

No sabe cómo salir, se queda como atontado; al hacer la puerta chica, allí se queda encerrado.

Se pone a pedir auxilio, la que lía es cojonuda; un borracho pasa y piensa: «¡Que se joda esa tortuga!».