En mi periodo de mili conocí a una religiosa; siempre la recordaré, pues era muy bondadosa.
El motivo de conocerla: que me fracturé una pierna; me cuidó con gran cariño esa monjita tan tierna.
La pobre era burla y mofa de todos los militares, por tener varias imágenes repartidas en altares.
Esa sencilla mujer a mí me dio mucha pena; no me gusta que se burlen de una persona tan buena.
Quizás fuera por aquello que yo rezaba el rosario; mis compañeros se burlan haciendo un comentario:
—"Dinos ya qué te sucede, si tú no eres creyente... ¿con unas faldas tan largas cómo te pones caliente?".
—"Sois unos guarros —les digo—, no sois nada sensibles; solo pensáis en mujeres y en cosas imposibles".
Seguí rezando el rosario, para mí era sencillo; lo hacía siempre en voz alta en medio de aquel pasillo.
Me daba vino a escondidas y un poquito de sal; eso no estaba incluido en el menú del hospital.
No tenía prisa en curarme, allí me encontraba bien; sin guardias ni instrucciones, ¡a la mili que le den!
Esa noble religiosa no entendía de militares: ellos buscaban desnudas, y ella, vírgenes en altares.
Espero volver a verla, porque ella así lo quiso, seguro me está esperando, para ver el paraíso..