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martes, 6 de enero de 2026

La jubilada "madame"

La jubilada "madame"
 

Con una vieja "madama", la amistad era discreta, pero muy interesante por ser ella una alcahueta.

Se dedicaba al apaño, encuentros a comisión, con todas sus conocidas y con mucha discreción.

La cita era sorprendente, estaba ya apalabrada, rodeada de misterio: ¿sería soltera o casada?

Con el servicio pagado y la hora concertada, la "tía", en bolas con bata, se encontraba preparada.

Uno se ponía a cien, era una aventura loca; podía ser joven o vieja, o gorda como una foca.

Alguna vez salía bien, otras salía torcido, o se quedaba a medias por si llegaba el marido.

Todo era puro misterio cargado de intensas dudas; si te pillaba el esposo, ¡te daba una tunda de aúpas!*

Mucha emoción y suspense, era una aventura fina: ¡no hacía falta ir al gimnasio para quemar adrenalina!


N

viernes, 2 de enero de 2026

«Adiós, cariño, me voy a tirar al río».


 Es un muchacho muy guapo que se merecía un diez, mas no conquista a ninguna por culpa de su timidez.

Sueña con besar a una chica, no encuentra nunca la manera; si se cruza con un gay, rápido cambia de acera.

Va paseando y pensando, y no deja de cavilar: ¿cuándo llegará ese beso que tanto desea dar?

De pronto ve a una joven subida sobre un puente; parece que quiere saltar y morir en la corriente.

—Muchacha, ¿qué vas a hacer? Si te lanzas a ese río, te arrastrará la corriente y morirás de frío.

—Eso a ti no te importa, lo que quiero es morir; en el estado en que estoy, no lo puedo resistir.

—Antes de saltar al agua y que todo eso te pase, yo te pido por favor: que un primer beso me des.

—Te daré más de un beso, si quieres, una centena; luego me tiraré al río para acabar con mi pena.

Se dieron cientos de besos, y cuando él se quedó frío, ella dijo: «Adiós, cariño, me voy a tirar al río».

—No entiendo tu obsesión, ¿a qué viene tanta pena? Si eres joven, eres guapa y además estás muy buena.

—Mi problema es muy grave, soy un chico muy complejo: mis padres no me dan dinero... ¡para cambiarme de sexo!

Contemplado monumentos.


Contemplando monumentos.

Estoy sentado en un banco, me pongo a reflexionar en la de monumentos que se pueden contemplar.

Es como cuando uno compra una caja de bombones: los hay de todos colores y de todas las naciones.

Una, color chocolate... ¿Estará dulce o amarga? Solo se puede opinar si uno pudiera probarla.

Ahora pasa una morena, morena de rayos uva; seguro estará sabrosa como el zumo de la uva.

Una rubia, platino, con un tipo tan perfecto que la miro con disimulo y no le encuentro un defecto.

Ahora se acercan dos con bastante "material", como para hacer dos puentes y una gran catedral.

Una china superblanca, con su piel muy delicada; me parece una muñeca para ser coleccionada.

Un conjunto de maduras... y me estoy dando cuenta de que siguen muy bonitas al pasar de los cincuenta.

Ya no digo ni un piropo, pues no les hace mucha gracia; pero si me dicen "guapo", yo siempre doy las gracias.

No hace falta viajar mucho si vives estos momentos: sentado en un simple banco se contemplan monumentos.


 

El tesoro del rey moro.


 Los abuelos nos contaban historias sobre los moros, que pasaron por el pueblo y escondieron sus tesoros.

Decían que eran califas, amantes de los placeres, no tenían que trabajar y tenían cien mujeres.

Adornaban con el oro sus comidas favoritas, así, al ir a defecar, les salían las pepitas.

Nunca las recolectaban por salir algo manchadas; las tiraban hacia el río para que fueran lavadas.

Si en el río tú te bañas y ves pepitas de oro, no dejes de investigar: ¡hallarás un gran tesoro!

Si encuentras un buen montón, ese es el botín del moro; lo que dice la leyenda es que aquel es el tesoro.

Si te bañas por la noche, podrás ver ese tesoro; verás brillos en el agua: son las pepitas de oro.

Mas luego nos dimos cuenta de que todo era tontuna: lo que brillaba en el agua era el brillo de la luna.

Pero un joven muy borrico la leyenda se creyó, y buscando aquella herencia en lo profundo saltó.

Nunca consiguió salir, hoy todavía lo buscan; como no sabía nadar... ¡bajo el agua lo disfrutan!


C

jueves, 1 de enero de 2026

Aventuras de un taxista.


 Con poco tiempo en el taxi, me surgió una aventura: una mujer falta de amor, con fiebre y con calentura.

Tan solo al abrir la puerta, me quedé muy sorprendido, al darme las buenas tardes con un: "¡Hola, mi querido!".

Le pedí la dirección, respondió en el mismo instante: —No te preocupes por eso y sigue todo adelante.

Seguía yo sorprendido al llegar a un bulevar: —Yo quiero ir —me decía— donde me quieras llevar.

Estoy sola, sin marido, y busco tener pasiones; necesito de un hombre que calme mis emociones.

Me pareció un caso extraño por tanta facilidad; la miré detenidamente: creo que dobla mi edad.

Ella notó de inmediato que yo no me decidía, y para animar el trato exhibió la mercancía.

—Mira bien estas piernas, no son simples paletillas; con lo que guardo más arriba puedes hacer maravillas.

Parado en un semaforo,vi que ella estaba lista.empeza a eschuchar pitidos, de un compañero taxista.

Dale caña compañero, que la tienes en el bote,deja el pabellón muy alto,te puedes dar un buen lote.

Yo no sabía que hacer,allí me quede parado,Todos los coches pitando,cuando pasan por mí lado.

Por fin reaccione, de manera inesperada.a pesar de estar soltero,yo no quise saber nada

Mi cabeza daba vueltas, no sabía qué pensar; me acerqué lento a la acera y la invité a bajar.

Perdí treinta pesetas, lo que valía la carrera. No es una simple invención: la historia es verdadera.


La mujer tesoro N2



 


Pasados los tres meses, la mujer pasó a mejor vida. El viudo quería marcha: se buscó una querida.

Se casó con la moza, ambiciosa y presumida. Ella, al ver aquel cuadro, se quedó muy sorprendida.

«¡Madre mía, qué de joyas! ¡Qué collares, qué tesoro! Dime, maridito mío: ¿Dónde guardas tanto oro?».

Él jura por "tos" los santos: «En la casa no hay un duro». Ella mira el retrato y dice: «¡Tú me engañas, te lo juro!».

Él, en la noche de bodas, oyó un "clic" en la madera. La mujer estaba loca: revolvió la casa entera.

Empezó por el armario, después levantó el parqué; arrancó los azulejos, hasta picó la pared.

El marido, desesperado, se tiraba de los pelos, mientras la difunta del cuadro se reía desde el cielo.

Así se cargó la casa, todo lo llenó de escombro. La nueva sigue picando con el pico sobre el hombro.

MORALEJA: Si te quedas viudo, ya puedes ver lo que pasa, búscate una querida y no la metas en casa.


La mujer es un tesoro Nº 1

 

La mujer dice al marido: «Ven, cariño, vida mía. Acaban de diagnosticarme: me quedan tres meses de vida.

Me gustaría dejarte algo para recordar. Dime, ¿Qué te gustaría que te pudiera dejar?».

«Un cuadro me gustaría, que te lo haga un pintor. Lo colgaré en la pared, así te veré mejor».

Se presentó ante el pintor la mujer muy decidida, para que la pinte guapa de cintura para arriba.

Terminado el cuadro, el cuadro quedó precioso, pero al no tener adornos quedaba un poco soso.

«Mañana me lo retoca, quiero dar una sorpresa. Alquilaré unas joyas, quiero ser una princesa».

Alquiló un cofre lleno, todos los adornos de oro. Quedó como una princesa del harén de un rey moro.

Al verlo el marido, se cae y se rompe el culo: «No tienes ni un puto anillo, ese cuadro es un bulo».

Si invitas a una a casa, al ver en mí tanto oro, te pedirá matrimonio para encontrar el tesoro.

No tendrás noche de bodas, no podrás usar el mango; ella se volverá loca todas las noches buscando».

En efecto, él se casó, por eso sigue la historia. Habrá una segunda parte cuando venga a mi memoria.