La mujer dice al marido: «Ven, cariño, vida mía. Acaban de diagnosticarme: me quedan tres meses de vida.
Me gustaría dejarte algo para recordar. Dime, ¿Qué te gustaría que te pudiera dejar?».
«Un cuadro me gustaría, que te lo haga un pintor. Lo colgaré en la pared, así te veré mejor».
Se presentó ante el pintor la mujer muy decidida, para que la pinte guapa de cintura para arriba.
Terminado el cuadro, el cuadro quedó precioso, pero al no tener adornos quedaba un poco soso.
«Mañana me lo retoca, quiero dar una sorpresa. Alquilaré unas joyas, quiero ser una princesa».
Alquiló un cofre lleno, todos los adornos de oro. Quedó como una princesa del harén de un rey moro.
Al verlo el marido, se cae y se rompe el culo: «No tienes ni un puto anillo, ese cuadro es un bulo».
Si invitas a una a casa, al ver en mí tanto oro, te pedirá matrimonio para encontrar el tesoro.
No tendrás noche de bodas, no podrás usar el mango; ella se volverá loca todas las noches buscando».
En efecto, él se casó, por eso sigue la historia. Habrá una segunda parte cuando venga a mi memoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario