El misterio de las vacas voladoras
Eran años de posguerra, años de privaciones, comías lo que te daban sin pedir explicaciones.
Pero surgió un misterio que no sabía resolver, por más vueltas que le daba no lograba entender.
En la escuela la maestra, si no había desayunado, me daba un vaso de leche sin ella tener ganado.
Sin tener vacas ni ovejas para poder ordeñar, siempre quedaba la duda: ¿de dónde la iba a sacar?
Le miraba yo los pechos sin encontrar un detalle, en la mañana y la tarde siempre del mismo tamaño.
El misterio se complica, una cosa de locura, cuando dicen que la leche se la proporciona el cura.
Él viene de otro pueblo a decir misa y rosario, no tiene a quien ordeñar, solo posee un caballo.
Unos dicen que ese cura es un cura milagrero, que con tan solo pedirlo la leche cae del cielo.
Yo estaba hecho un gran lío, al cielo siempre mirando, a ver si es que había vacas que estuvieran allí volando.
¡Qué chasco al descubrir que no era leche divina! Eran polvos de esa leche que mandaron de Argentina.
Hoy recuerdo aquella escuela y la duda que me urgía, bendiciendo aquel "milagro" que mi hambre entretenía.
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