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domingo, 18 de enero de 2026

Aquella Etapa Maldita

 

Aquella etapa maldita, difícil de confesar: las veces que la tocabas a la hora de mear.

Las reglas eran estrictas, una cosa exagerada: tomarla con solo dos dedos, nunca la mano cerrada.

La tarea era difícil, un esfuerzo sobrehumano; si la tenías encogida, no alcanzaba ni una mano.

El cura con su sermón y el canto del aleluya, haciéndote pecar por tocar una cosa que era tuya.

Siempre espiando al cura, de noche y de mañana: ¿Cómo coño se la sacaba debajo de la sotana?

El vino que se bebía se debía evaporar; dos años de monaguillo y nunca le vi mear.

Hasta llegué a pensar que el cura no tenía pito, y meaba como las viejas: agachándose un poquito.

Recé muchos padrenuestros y miles de avemarías, castigado por usar mal esas cosas que eran mías.

Al final, desesperado y sin poder aguantar, le daba cuatro meneos al terminar de mear.

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