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martes, 13 de enero de 2026

El aniversario de los despistados

 

El aniversario de los despistados

Aniversario de boda, un día muy señalado; la mujer bien lo recuerda, el hombre lo ha olvidado.

—Marido, eres un despistado, ya no te importo nada; ni un miserable regalo en fecha tan señalada.

—No me eches la bronca ahora, no merezco tu reproche; tengo el regalo guardado, te lo daré esta noche.

—No me gusta «ese» regalo, está demasiado usado; cada día está más triste, más viejo y más arrugado.

—No pensaba darte eso, tampoco un ramo de flores; es algo mucho más moderno, de diferentes colores.

La mujer se va a la cama toda llena de alegría; casi adivina el regalo: ¡un bonito picardías!

Al poco entra el marido, todo alegre y sonriente, con una cajita mini como caja de pendientes.

—Mejor que estés acostada, pues el regalo es muy chulo; al llevarte la sorpresa te podrías caer de culo.

Son tapones de colores, para poner en los oídos; así dormirás tranquila, sin oír mis ronquidos.

—Eres un ser «especial», un marido cojonudo... ¡Ese regalo tan guay te lo metes por el culo!

La Piruleta y la Farola.


El matrimonio es difícil, más ponerse de acuerdo. Si Antonio dice que es blanco, María dice que es negro.

Si el marido nunca cede, ella le manda a la calle: —Tú no tienes la razón, ¡lo mejor es que te calles!

Antonio sale a la acera y se pone a deambular; hace un frío que pelaba y se refugia en el bar.

Empieza tomando copas, el hombre no se da cuenta: si regresa muy borracho, la tendrá con la parienta.

Pilló tal "mona" o castaña que casi no puede andar, y por si esto fuera poco, le dan ganas de mear.

Abrazado a una farola, se saca la piruleta; forma un enorme charco que llega hasta la cuneta.

Una mujer que volvía a esa hora de trabajar, la pobre pisa el reguero y se empieza a resbalar.

Resbalando, resbalando, se va hacia la cuneta, y al pasar cerca de Antonio... ¡Le agarra la piruleta!

—¡No seas tan impetuosa, que me la vas a arrancar! Piensa que la necesito, al menos para mear.

El hombre pide perdón por caer en su meada; la mujer le perdonó... ¡Pero la tiene agarrada!

—Vivo muy cerca de aquí, me debes acompañar; en el estado en que estamos, nos tenemos que duchar.

Se ducharon los dos juntos, ¿qué más podría pasar? ¿Lo normal en estos casos? Se pusieron a "rezar".

Se siente feliz con ella por lo bien que le atendía; no regresó más a casa, se olvidó de la María.

Pasan las noches durmiendo, pasan los días rezando... y el tiempo que les sobra... en lo que tú estás pensando.


La Selva del Amazonas.

 
Le despiden del trabajo, trabajaba en la construcción, el capataz le pilló en plena "operación".

Era un buen trabajador, pero no pudo aguantar; si le picaban los bajos, se tenía que rascar.

La doctora, sin mirarle, le receta una pomada; le siguieron picando, no le sirvió para nada.

En la segunda visita, tras una larga entrevista, la doctora no lo entiende y le manda al especialista.

Se presentó al urólogo, uno de los mejores, para pedirle opinión y quitarse los picores.

Al revisarlo el doctor, se queda muy asombrado: —Lo primero que hace falta es hacerse un rasurado.

Te los rasuras muy bien por las diferentes zonas, que ahí parece que tienes la selva del Amazonas.

Si todo sale normal y no te cortas un huevo, pasas a la segunda fase y quedarás como nuevo.

Siguió fiel el consejo, aunque no le hacía gracia. Con el "monte" despejado, se acercó a la farmacia.

Le seguían picando, perdió ya la paciencia, y le pide a la boticaria algo que tenga "frecuencia".

—No entiendo lo que quiere, me deja usted despistada; no sé si busca pastillas o tal vez una pomada.

—No sé si serán pastillas o un invento muy nuevo, ¡a mí lo que me pasa es que me pican los huevos!

—Quizás sea algún jabón de los que tienen esencia... ¡pues el médico me dijo: "que los lave con frecuencia"!

El Campo Abandonado

 

El Campo Abandonado

Arde el monte sin control, una desgracia moderna; es culpa del abandono de esta época cruenta.

Abandonamos los pueblos, esa es la pura verdad, buscando una vida mejor lejos de la soledad.

A pocos les gusta el campo, se perdieron las costumbres, como recoger escobas para encender las lumbres.

Hacer la comida en pote, que llevaba todo el día, para cocer las legumbres con la llama siempre viva.

Desbrozábamos los árboles, se aprovechaban las hojas, recogíamos la hierba y otras tantas mil cosas.

Los campos estaban limpios, las tierras todas labradas, los caminos transitados y las casas habitadas.

La lumbre estaba en el suelo, consumía de cojones; se necesitaba el humo para curar los jamones.

Inviernos de frío intenso, casas sin calefacción; con la lumbre siempre ardiendo, esa era la solución.

Carentes de electricidad, pues aún no había llegado, y con el tejado abierto el aire entraba de lado.

Sin vacas para labrar ni ovejas para pacer, la cosa está complicada, no sé qué se puede hacer.

La solución no la sé, todo está muy enredado; ese es el gran problema de nuestro campo olvidado.

Diálogos de matrimonio

Diálogos de matrimonio

—Tenemos que hablar más claro de ahora en adelante, tengo que comunicarte algo muy interesante.

—Lo que te voy a contar es difícil de creer, te vas a caer de culo si permaneces de pie.

—No me vengas a contar una de tus muchas penas, que cada vez que hablamos no traes noticias buenas.

—No es noticia mala o buena, pero la vas a creer: este hijo que tenemos quiere cambiarse a mujer.

—Ese hijo es un idiota, será solo un arrebato. Si se convierte en mujer... ¡Le cortan el aparato!

—No sé qué ventaja tiene eso de querer ser mujer. Si ella tiene que sentarse y el hombre mea de pie.

—La operación es muy cara, ¿no se ha puesto a pensar? No tiene ni un puto duro, ¿quién se la va a pagar?

—Por eso no te preocupes, lo acaba de solucionar: esa reforma la paga la Seguridad Social.

—¡Joder con los adelantos! ¡Estamos de enhorabuena! Y yo sin un sonotone porque no tengo la tela.

—Comiendo puré a diario porque la carne está dura, sin dinero en el bolsillo para una dentadura.

—Tengo que comprar la Viagra y nos cuesta un dineral; por dos ratos al mes... ¡Pierdo el sueldo mensual!

—Así tiran los impuestos en esta moda increíble, y que el viejo se fastidie y se muera lo antes posible.

—Ya te lo decía yo, tú no traes noticias buenas. Me voy para el jubilado... ¡A compartir mis penas!

La Pluma y el tintero

 Pluma y el tintero

Sra. Cariño, hazme este favor, ve pronto con la analista. Tengo el tiempo muy ocupado, y aunque no esté yo en la lista, recógeme el resultado.

Sr. El marido va contento por ver pronto el resultado, pero la cosa se afea y se pone complicado.

Anl. No se lo puedo entregar, pues nunca nos ha ocurrido: que coincidan dos mujeres en nombre y en apellido.

Extraña coincidencia, pocas veces nos sucede. Le daré una nueva cita... ¡Vuelva en tres meses, si puede!

Sr. ¡Eso es demasiado tiempo! Yo no puedo más esperar. Me gusta escribir a pluma y la tengo que mojar.

Anl. No lo veo tan difícil, no será usted el primero. Si no puede mojar pluma, ¡use mano y lapicero!

Sr. Dígame, ¿qué dan las pruebas? ¿Cuál es el diagnóstico dado? Así volveré a mi casa alegre y más confiado.

Anl. Uno marca gonorrea, el otro anuncia demencia. Le aconsejo que se aguante y tenga mucha paciencia.

Sr. ¡No puedo esperar tanto! ¡Estamos de mil demonios! Tú, que sabes del asunto, ¿qué hago con mi matrimonio?

Anl. Abandone a su mujer una noche con mil brumas; si ella regresa a la casa... ¡No sueñes usar la pluma! 



Los Higos sin Pelo

 

Mil leyendas le acompañan en su fiel emigración: "que no frecuente las putas ni se vuelva maricón". 

Le pintan la capital peor que una oscura mazmorra, donde todo es puterío como en Sodoma y Go morra.

Pasa un año de temores, las está pasando cánulas, hasta que se arma de valor y busca casa de putas. 

Temblando entra en el tugurio, está muy sugestionado; la mujer que allí le atiende cobra siempre por adelantado.

Se encierra con una morena, él se queda en un rincón. Ella dice: "apaga el foco, que me ponga el camisón".

 Huele a tabaco de liar y a whisky de garrafón; su pecho late muy fuerte, no domina la emoción.

Con el aparato armado —el pobre es un poco lerdo—, toca y toca sin descanso, no sabe dónde meterlo.

 Comienza por las firmezas, se pierde por el ombligo, espera encontrar el vello para dar con el "higo".

No encuentra lo que buscaba, va muy desilusionado; él esperaba otra cosa... ¡Allí todo está afeitado!

 Asustado se da a la fuga, cree que es timo o camelo, añorando a las del pueblo que en el higo tienen pelo.



La Vecina Tacaña.


 Tiene Antonio, una vecina bastante despreocupada; dice que tiene de todo y nunca tiene de nada.

No quiere comprar aceite, dice que mancha y es caro; prefiere siempre comer algún plato preparado.

Freírse un par de huevos le resulta deprimente; una vez que probó a hacerlos, se manchó toda de aceite.

De especias mejor ni hablamos, pues le provocan ardores; dice que son muy intensos y no aguanta sus olores.

Siempre acude a su vecino, que es muy majo y educado; no le falta nunca nada, parece un supermercado.

—¡Vecino! Necesito sal, que hoy cenaré una ensalada; con una pizca me vale, me quedará aderezada.

—Yo nunca la tengo fina, pues la gorda es la mejor: aporta mucha sustancia, más placer y más sabor.

—Eso cambia mi menú... ya sé que no eres tacaño: ¡préstame veinte centímetros, que con eso yo me apaño!

El Abuelo nunca Miente.

 

Dos abuelos se saludan, cuentan sus novedades; lo normal en estos casos es hablar de enfermedades.

—A mí me duele la espalda, la tengo escacharrada, y la rodilla derecha la tengo muy jorobada.

—¿Me lo vas a contar a mí, que padezco de riñones? Que no duermo casi nada y estoy hasta los cojones.

Me regaña mi mujer cuando hago los recados: dice que pienso en mujeres y los llevo caducados.

—Tu mujer siempre celosa, no te deja ni respirar; seguro estará pensando que todavía puedes ligar.

—Ella lleva la razón, y no es por presumir, pero tengo mil mujeres que me invitan a salir.

—¡No te tires ya pegotes! Que yo tengo la certeza: no te comes ni una rosca porque no se te endereza.

—Yo jamás digo mentiras, te lo puedo demostrar: acompáñame al servicio, que tengo ganas de mear.

Se metió a soltar el chorro al servicio de señoras, y se quedó allí escondido casi más de media hora.

Tres mujeres con apuro lo acaban por descubrir: ¡se confundió el abuelo y le invitan a salir!

Se dirige a su compadre, todo feliz y contento: —¡Me invitaron a salir! Como ves, yo nunca miento.

Una HIstoria del Combento.


 Lo llamó el ejército, el país estaba en guerra. Él no apoyaba la causa y le importaba una mierda.

Huyó en cuanto tuvo opción, pensó que era lo mejor. Sabía que lo buscarían: era un pobre desertor.

Divisó un viejo convento; allí estaría salvado. Nadie entraría a buscarle en aquel lugar sagrado.

Vio a una monja en el huerto que parecía rezando; se ocultó bajo su hábito mientras ella iba implorando.

Era el escondite ideal, oscuro y muy calentito. El hombre llegó cansado y pronto se quedó "frito".

Le despiertan unos golpes recibidos en la testa; sale lleno de chichones, le arruinaron la siesta.

—Llevas dos horas roncando, por eso te he despertado; mis rezos y mis plegarias hace tiempo han terminado.

—Lo que yo he notado en ti es que eres una monja rara: muchos pelos en las piernas y algo de barba en la cara.

—Soy desertor como tú, estoy aquí camuflado; no me gusta nada el frente, aquí vivo bien cuidado.

—Pues me hiciste la puñeta, que yo estaba allí soñando: creía estar en la gloria con campanas repicando.

—Si soñabas con campanas mientras estabas ahí abajo... es fácil de adivinar: ¡te despertó el badajo!


Ca

Lo que antes era Blanco

 

Lo que antes era Blanco.

No me gusta lo que veo, todo el panorama es negro. Lo que antes era blanco, hoy se tiñe de lo negro.

La autoridad de los padres ya no se puede ejercer. Para educar a los hijos no saben ya qué hacer.

No se escucha con respeto el consejo del abuelo; dicen que está anticuado, que ha caído por los suelos.

Asustados los maestros, no saben ya qué enseñar. Su autoridad se ha perdido, los llegan hasta a pegar.

El médico cuenta poco, sabe más el que es paciente. Si no le firma la baja, el trato se vuelve hiriente.

Se ha perdido todo el humor, no quedan ya humoristas. Su campo está limitado, aunque sean buenos artistas.

Los hombres andamos tristes, sin saber muy bien qué hacer. No nos ponemos de acuerdo ni con la propia mujer.

Si ves una chica guapa, mejor apartar la vista; rápido sueltan la frase: «¡Eres un viejo machista!».

Hoy cambian los jóvenes, buscan la acera de enfrente. Los abuelos ya no pueden, la vela no es suficiente.

Para entretenernos queda un poco de diversión: disputas de políticos por la televisión.

No defienden al pueblo, se dan la gran buena vida. No se ponen de acuerdo... ¡Y nos acortan la vida!



Experimentos en el Baile.

El Experimento

 Joven y sin un dinero, buscaba yo mis inventos. Los domingos, en el baile, hacía mis experimentos.

Un tubo redondeado, forrado con un pañuelo, atado en el sitio exacto, servía como señuelo.

La moza sale a bailar, el baile es bien agarrado; no quiere apretujones, se pone de medio lado.

Incómodo bailar así, resulta muy deprimente. Ella cambia de opinión y al fin se pone de frente.

Choque con otra pareja, reacciona de inmediato: sus ojos se desorbitan al notar «el aparato».

Con la mano en mi pecho, quiere bailar separada. La cabeza le da vueltas, la moza está intrigada.

Comienzan entonces dudas de si aquello será verdad; si arrimarse o separarse para ver la realidad.

Casi todas las personas somos, creo, curiosas: queremos ver el contenido al dudar de cualquier cosa.

Poco duran sus cautelas, le da como un arrebato; echa la mano a mi espalda y se pega al aparato.

Se escuchaban los suspiros, su corazón palpitando; jadeos, sudores, lágrimas... ¡Y se sigue presionando!

—Salgamos de este lugar, te lo pido por favor; necesito salir de dudas para encontrarme mejor.

Pillada ya en la trampa, su invitación eludía; así quedaba intrigada para el próximo día.

Fórmulas muy sencillas que no conducían a nada, pero eran muy efectivas para dejarla intrigada.

Matrimonio campesino


Matrimonio campesino

Matrimonio campesino, animales por doquier; entre ellos una cabra con leche para beber.

Ella es la preferida, su leche es la más estupenda, rica para el desayuno, buena para la merienda.

El hijo, de veinte años, encargado del ordeño, lleva tocando sus ubres desde que era muy pequeño.

Cierto día, la madre quiere sacarla a la huerta, y se lleva un gran disgusto: ¡la cabra está supermuerta!

En el pueblo hay una bruja que cura todos los males; algunos hasta aseguran que revive a los animales.

Mandan al hijo a la bruja, un duro por consultarla: «Que le rece a San Antonio si es que quiere rescatarla».

La bruja, al mirar al mozo, salta loca de alegría; lleva más de cuarenta años sin limpiar la cañería.

«Para salvar a tu cabra tienes que hacerme el amor; mínimo cinco veces... si son diez, ¡mucho mejor!

Y si consigues las veinte, eso sería un disparate: la cabra te daría entonces la leche con chocolate».

«Por mí no existe problema, para eso está la viagra; ¡si estás dispuesta a morir de lo que murió la cabra!».

El hombre en baja forma

 

El hombre en baja forma

El hombre en baja forma se encuentra alicaído, y le dice a su mujer: —Te quedarás sin marido.

—No digas más tonterías, eso es una mentira; vas a durar más que yo y me amargarás la vida.

Eres un hipocondríaco, eso es lo que yo creo; mejor iremos al médico a que te haga un chequeo.

El médico lo chequeó y le dice a la mujer: —Para que se ponga bien, esto le debes hacer:

Cuando vayáis a la cama, usa ropa llamativa; enchufa bien el "pendrive", eso alegrará su vida.

Para el desayuno, par de huevos con jamón; que descanse dos horitas para hacer la digestión.

Una comida esmerada, como de recién casados; un buen vino de Rioja con unos ricos asados.

De postre, un poco de tarta, de esas que llevan bizcocho, con un sabor especial... de las que saben a... ¡Ocho!

Que se duerma la siesta como si fuera un niño; al despertarse, un masaje y unos besos con cariño.

Merienda: café con leche, mantequilla con galletas; y si se queda con hambre, le das un poco la teta.

Noche: una cena ligera, que se quede con la gana, pues tomará el postre cuando estéis en la cama.

—Si sigues este régimen, tendrás marido para rato; no morirá en un siglo... ¡Pero no te saldrá barato!

El marido le pregunta: —¿Qué te dijo, vida mía? —¡Que vayamos a la mutua a hacerte un seguro de vida!

El Globo del Bartolo.

 El globo de papá

Un bartolillo el marido, que vive a su propia manera. Lo que se dice un pasota, con tripa muy cervecera.

Eso del teletrabajo le vino de maravilla: se pasa el día sentado, del sofá siempre a la silla.

La mujer bien que trabaja en una peluquería; entre el viaje y la jornada se le escapa media vida.

Tienen un hijo pequeño que es una gran maravilla: listo a más no poder, pero un poquito cotilla.

Los pilla haciendo el amor, la mamá dándole caña; el papá estaba debajo... ¡Qué postura tan extraña!

Le pregunta a la mamá: «¿A qué estaban jugando?». Y la madre le responde: «¡Lo estaba desinflando!».

«Papá tiene un globo dentro que al respirar se va inflando; yo me subo y le aprieto, y así se va desinflando».

«Pierdes el tiempo, mamá... pues la que viene a limpiar, le sopla siempre al pito, ¡y lo vuelve a inflar!».

Son Demasiadas Perdidas

 

La joven va con el médico para hacerse un chequeo, pues dice que, de vez en cuando, le da un fuerte mareo.

"Es una cosa normal que se sienta mareada. Diga si se halla soltera o su estado es de casada".

"Nada tendría que ver una de esas situaciones; soy una chica soltera y tomo mis precauciones".

"Haremos unos análisis, incluido el de orina; quizás es que le faltan algunas vitaminas.

Puede ser por el trabajo o también por las pasiones, si se las toma a pecho o le importan tres melones.

Diga qué hace o qué come, tiene que contarme todo: ¿lo pasa muy mal o bien cuando tiene su periodo?".

"Lo paso muy regular, hay que seguir adelante; son esos días tan malos de pérdida constante".

"Nos estamos acercando para ver la solución: ¿de cuánto es esa pérdida en los días en cuestión?".

"Calculando por lo bajo lo que dejo de ganar... ¡Unos treinta días al mes al no querer trabajar!".

"Creo que lo que me cuenta es una gran tontería; no es culpa del periodo... ¡Eso es pura vaguería!".