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martes, 13 de enero de 2026

Los Higos sin Pelo

 

Mil leyendas le acompañan en su fiel emigración: "que no frecuente las putas ni se vuelva maricón". 

Le pintan la capital peor que una oscura mazmorra, donde todo es puterío como en Sodoma y Go morra.

Pasa un año de temores, las está pasando cánulas, hasta que se arma de valor y busca casa de putas. 

Temblando entra en el tugurio, está muy sugestionado; la mujer que allí le atiende cobra siempre por adelantado.

Se encierra con una morena, él se queda en un rincón. Ella dice: "apaga el foco, que me ponga el camisón".

 Huele a tabaco de liar y a whisky de garrafón; su pecho late muy fuerte, no domina la emoción.

Con el aparato armado —el pobre es un poco lerdo—, toca y toca sin descanso, no sabe dónde meterlo.

 Comienza por las firmezas, se pierde por el ombligo, espera encontrar el vello para dar con el "higo".

No encuentra lo que buscaba, va muy desilusionado; él esperaba otra cosa... ¡Allí todo está afeitado!

 Asustado se da a la fuga, cree que es timo o camelo, añorando a las del pueblo que en el higo tienen pelo.



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