Es un muchacho muy guapo que se merecía un diez, mas no conquista a ninguna por culpa de su timidez.
Sueña con besar a una chica, no encuentra nunca la manera; si se cruza con un gay, rápido cambia de acera.
Va paseando y pensando, y no deja de cavilar: ¿cuándo llegará ese beso que tanto desea dar?
De pronto ve a una joven subida sobre un puente; parece que quiere saltar y morir en la corriente.
—Muchacha, ¿qué vas a hacer? Si te lanzas a ese río, te arrastrará la corriente y morirás de frío.
—Eso a ti no te importa, lo que quiero es morir; en el estado en que estoy, no lo puedo resistir.
—Antes de saltar al agua y que todo eso te pase, yo te pido por favor: que un primer beso me des.
—Te daré más de un beso, si quieres, una centena; luego me tiraré al río para acabar con mi pena.
Se dieron cientos de besos, y cuando él se quedó frío, ella dijo: «Adiós, cariño, me voy a tirar al río».
—No entiendo tu obsesión, ¿a qué viene tanta pena? Si eres joven, eres guapa y además estás muy buena.
—Mi problema es muy grave, soy un chico muy complejo: mis padres no me dan dinero... ¡para cambiarme de sexo!