La deuda del vecino
Va a visitar a un amigo, no está en casa ese día. Lo recibe la mujer con un simple picardías.
Imposible no fijarse en cómo está la nena. Tiene un cuerpo de cine, la tía está muy buena.
Le invita a un café, seguido de una copa. Se sienta, cruza las piernas y no se cambia de ropa.
Él iba a ver al amigo por una causa pendiente. Se olvida del asunto y se la nubla la mente.
Le recuerda a Sharon con ese cruce de pierna. No puede resistir más, se le hincha la entrepierna.
—Sé que eres muy decente, te considero una amiga. Necesito deshinchar el pavo y yo te lo pagaría.
—Eres un tío muy majo, yo no soy una muerta. El tomar la decisión dependerá de la oferta.
Cinco mil pavos la oferta. Ella tira las picardías. —Por esa oferta ofrecida puedes venir todos los días.
La mujer queda contenta, le dice al poco rato: —Puedes llegar a los cinco y te saldrá más barato.
—Estos son los más baratos que puedo echar en la vida. Juego con tu marido y nos tocó la lotería.



















