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viernes, 16 de enero de 2026

La deuda del vecino

 






La deuda del vecino

Va a visitar a un amigo, no está en casa ese día. Lo recibe la mujer con un simple picardías.

Imposible no fijarse en cómo está la nena. Tiene un cuerpo de cine, la tía está muy buena.

Le invita a un café, seguido de una copa. Se sienta, cruza las piernas y no se cambia de ropa.

Él iba a ver al amigo por una causa pendiente. Se olvida del asunto y se la nubla la mente.

Le recuerda a Sharon con ese cruce de pierna. No puede resistir más, se le hincha la entrepierna.

—Sé que eres muy decente, te considero una amiga. Necesito deshinchar el pavo y yo te lo pagaría.

—Eres un tío muy majo, yo no soy una muerta. El tomar la decisión dependerá de la oferta.

Cinco mil pavos la oferta. Ella tira las picardías. —Por esa oferta ofrecida puedes venir todos los días.

La mujer queda contenta, le dice al poco rato: —Puedes llegar a los cinco y te saldrá más barato.

—Estos son los más baratos que puedo echar en la vida. Juego con tu marido y nos tocó la lotería.


La factura y la penumbra

Estas subidas de luz me resultan una locura; no enciendo ni una bombilla, ¡prefiero mear a oscuras!

A tientas me levanté, las paredes iba palpando; la gota quería salir, pero yo seguí aguantando.

Entre tanta oscuridad andaba desorientado, no encontraba bien el baño y me iba para otro lado.

Al llegar a la cocina decidí darme la vuelta, tropecé con la banqueta y choqué contra la puerta.

Atontado por el golpe caí frito en el pasillo; para colmo de mi suerte, di de frente en el bordillo.

Al fin di con el lavabo y, para no mear fuera, apunté al hueco más grande: ¡meé en toda la bañera!

De regreso al dormitorio tropecé con la mesilla, me di con el cabecero y me partí la barbilla.

Ya no salgo de la cama, me he buscado un artificio: ato el pito a una manguera ¡que me llega hasta el servicio!

Estas subidas de luz, con pensiones reducidas, son el caldo de cultivo que provoca mil caídas.

Mejor estaba en el pueblo, donde no había bombillas y al levantarme a mear... ¡Encendía unas cerillas!


Fuego en el Pezón

Fuego en el Pezón

La chica, desesperada, está llora que te llora; el novio se arrepintió poco antes de la boda.

Ella está desesperada; más, con lo guapo que es, está de muy mala leche: todo le salió al revés.

Le cuenta a una amiga el trance que está pasando: —Se pasa mucho peor cuando te estás divorciando.

—Eres una tía estupenda, hay muchos hombres solteros; muchas veces es mejor el segundo que el primero.

Lo mejor es ir al bar y olvidar con el alcohol, o fumarse algunos porros para sentirse mejor.

Infinidad de recuerdos se agolpan en su mente; sin saber bien el porqué, pega un grito de repente.

—No puedo ya olvidarlo, es un pedazo de cabrón; siento ahora mismo que me arde el corazón.

—Procura tranquilizarte, es que eres muy inquieta; ¡un porro no se enciende en el pezón de la teta!

(Cómo Emilia recuperó la alegría)

 (Cómo Emilia recuperó la alegría)


Era el marido de Emilia, un tipo de mucho fuste, trabajador y honrado... ¡Un hombre de los de ajuste!

Pero en esta perra vida la alegría es un momento, y al pobre se le pusieron los huevos de aditamento.

Cumplía bien en el catre con la parienta gozosa, pero el bicho de la muerte le enfrió la "poderosa".

A la hora del cocido apartaba hasta el jamón, y lo mismo le pasaba debajo del edredón.

Viendo que aquello no izaba y que la cosa iba a menos, se infló a pastillas azules como si fueran caramelos.

La "herramienta" funcionaba tiesa como una estaca, pero de tanto darle al muelle le dio un viaje la "paca".

"Me voy al cielo, parienta, pero te mando un consuelo, una señal de mi parte que te quite hasta el duelo".

Fue la viuda al camposanto una tarde de tormenta, y vio que sobre la tumba algo gordo se presenta.

Brotaban como sarmientos unos falos de cuidado, que al mirarlos de cerquita... ¡Eran hongos sazonados!

¡Ay, marido de mi alma, que hasta muerto das placer! Son semillas de tu nabo... ¡y me las voy a comer!

Se pegó tal atracón de boletus y de "palos", que la viuda por la gracia... ¡Parió un hijo sin pecados!

Espejismos de Ayuda

 Espejismos de Ayuda

Hace tiempo que no nos vemos, mi querido amigo Amaro; te veo feliz y contento con esa mujer al lado.

—Aquí vamos aguantando, buscando alguna alegría; unas veces por la noche, otras veces por el día.

—Seguro que esa mujer posee un buen patrimonio; la veo bastante fea, sería un gran matrimonio.

—No hables sin tener idea, la verdad no se adivina. Ella se está rescatando de la maldita cocaína.

Antes era una modelo que me llegó a enamorar; ahora la estoy ayudando, se tiene que recuperar.

En el mundo en que vivimos hace falta la empatía; uno se siente orgulloso al salvar una vida.

Tú, que te encuentras soltero, también lo podrías hacer; te sentirías dichoso al salvar a una mujer.

—Para mí eso es un problema, yo siempre vivo del ocio; meterme en esos líos perjudica mi negocio.

Trato con muchas mujeres, es un oficio que mola; yo soy el "buen" camello que les vende la droga.



La culpa fue del padre

 La culpa fue del padre

El niño vivió unos años un poquito acomplejado: no tenía el cráneo redondo, estaba un poco abollado.

Se dejó el cabello largo, una melena abultada; con ese pelo a lo afro todo se disimulaba.

Llegó la época jipi, esa fue su etapa buena; estaba a la última moda y ligaba con su melena.

Nada dura eternamente, llegó el servicio militar; no admiten esa melena, se la tiene que rapar.

Al pasar por la revista, sin decirle lo que pasa, rápido le dan la baja y lo mandan para casa.

Le pregunta así a su madre, que le diga con certeza: —¿Me sacaron con los fórceps y eso abolló mi cabeza?

—Tú naciste normalmente, te lo afirmo con certeza; fue la culpa de tu padre quien abolló tu cabeza.

Cerca de tu nacimiento mi tripa le motivaba; cuando me hacía el amor, apretaba y apretaba.

Lo hacía todos los días sin ninguna delicadeza; como la tiene muy larga, rebotaba en tu cabeza.

—No sé si me estás mintiendo o me estás contando un bulo; ¡no lo quiero ni pensar si llego a venir de culo!


¿

Ejemplos con el Chisquero.


Un nieto pide al abuelo que le explique, por favor, cómo era en otros tiempos su manera de dar amor.

El viejo queda atrapado como en un atolladero, se echa la mano al bolsillo y le enseña su mechero.

—Con este antiguo encendedor lo podrás bien entender: así hacíamos el amor, el hombre y la mujer.

Según las instrucciones, lo que se hace primero es, con mucho cariño, meter mecha en el agujero.

Cuando ya llega hasta el tope, la cosa se encuentra lista: das unos cuantos meneos y pronto salta la chispa.

Enciendes el cigarrillo y, mientras lo vas fumando, la mecha se va escondiendo y se termina apagando.

Para que esa mecha dure hay que tener gran cuidado, para no llegar a viejo y encontrarse "des mechado".

Entonces salta la abuela: —¡Estás viejo por fumar! Te falta la mecha y piedra y ya no puedes chispear.

Los nietos de estos tiempos lo tienen mucho mejor: les enseñan en la escuela cómo se hace el amor.

Costumbres que se perdieron, viejas formas de amar... ¡Ahora hay cosas modernas con las que puedes chis car!

La caída del burro (Versión Rústica)

 La caída del burro (Versión Rústica)

Me la topé en el camino, llorando la desdichada; el burro la había tirado, quedó toda magullada.

La mujer, en aquel tiempo, de medio lado, montaba; lo fácil era ir al suelo si el bicho se tropezaba.

Con el tobillo torcido, berreando sin parar, me presté yo de buen grado pa ayudarla a levantar.

—"Abre las piernas, muchacha, y agarra bien esa brida; que si no cambias el modo, te pegas otra caída".

Cuando su padre la vio, que era un viejo bien cazurro, arremetió contra mí por la caída del burro.

—"¡Me la traes hecha unos zorros, con el cuerpo averiado! ¡Tú le has tentado las carnes, tú me la has deshonrado!"

—"Como esto acabe en desgracia, te vas a cagar del susto: te corto los aparejos y me quedo tan a gusto".

Me hizo jurar ante el cielo que yo no la había tocado, que subió al bicho ella sola y el honor seguía guardado.

Vinieron la madre y ella, aplacaron al cazurro: —"Que el muchacho es buena gente, que la culpa es solo del burro".

¡Padres malagradecidos, siempre con la mosca en la oreja! Te buscas un buen pesebre... ¡Y te quedas sin la oveja!


La Caida del Burro




Regresaba de la huerta, Tan alegre y cantando. Se produjo la tragedia y me la encontré llorando.

 La encontré por el camino, llorando, desconsolada; el burro la había tirado, se encontraba magullada.

La mujer, en esos tiempos, de lado,
siempre montaba; lo normal era caer al suelo si el burro se tropezaba.

Con el tobillo torcido no dejaba de llorar; me ofrecí como voluntario para ayudarla a montar.

—Monta con piernas abiertas, asegura bien la brida; si no cambias la postura, habrá pronto otra caída.

Cuando su padre la vio, que era bastante cazurro, rápido me culpó a mí de su caída del burro.

—Me la traes hecha polvo, con el cuerpo magullado; le habrás tocado las tetas, ¡seguro la has deshonrado!

Como esto termine mal, te vas a cagar del susto; te cortaré los huevos y me quedaré tan a gusto.

Me obligó entonces a jurar que no la había tocado, que subió ella sola al burro y no la había deshonrado.

Regresaron hija y madre, convencieron al cazurro: que yo era un buen rapaz y la culpa fue del burro.

Padres poco agradecidos, siempre estaban con la mosca; te metías en un lío... ¡Y sin comer una rosca!



La sombra del orgullo

 

La sombra del orgullo

La familia la agobiaba, le impidió seguir conmigo. Yo me quedé destrozado, sin consuelo y sin camino.

Herido en mi propio orgullo, no supe reflexionar. Me marché a trabajar lejos, para poderme olvidar.

Así pasaron dos años, sin dar señales de vida. Ya no pude aguantar más: quise saber de su vida.

Ella ya tenía novio, pero dijo que me amaba. Si una promesa le hacía, al momento lo dejaba.

Su propuesta me asustó, no quise nada prometer. Y desde aquel triste día, no la he vuelto a ver.

Su boca era tan hermosa, sus labios yo los endulzaba. Con un terrón de azúcar, y después los besaba.

En mi recuerdo se quedan esos besos especiales. No los volví a repetir, fueron besos inmortales.

Es de esos viejos amores que no logras olvidar. Le echas la culpa al destino, sin saber ya qué pensar.

Espero verla algún día, para pedirle perdón. Ella fue buena conmigo; yo, un poco cabezón.

Eran tiempos muy oscuros, una época muy dura. La familia interfería, si no estabas a su altura.

Esos amores se marchan como billetes perdidos. Quien logre encontrarlos luego, ¡qué gran suerte ha tenido!

Entre el Pecado y el Altar


Entre el Pecado y el Altar

Católica es la mujer, él pasa de religiones; prefiere siempre aquel bar que tragarse los sermones.

Cuando ella marcha a la misa, él se va a tomar sus vinos, con buenos aperitivos, ¡mejor si son langostinos!

También le vale panceta, que por tener tanta grasa, le suaviza la garganta y el vino mucho mejor pasa.

En cambio, allá en la iglesia, ni hay vino ni aperitivos; solo rezos y sermones... ¡Y piden hasta donativos!

La mujer le recrimina: «¿Qué sacas tú de aquel bar?». —«Allí me pongo muy alegre y no tengo que rezar».

«¿Y qué sacas tú —él dice— de tanto rezo y sermón? Tendrás pecados muy gordos y querrás la absolución».

Un día regresa a casa a una hora inesperada, y la encuentra allí en la cama con un joven acostada.

—«Si estos son tus pecados, de nada vale rezar; estos cuernos son pesados, difíciles de llevar».

—«Me lo vas a perdonar... ¡No seas tan calzonazos! Él me vendió una Biblia y la pago... ¡A puros plazos!»

_ Vaya biblia tan costosa._ para librarte del infierno, Si tardas mucho en pagarla¡Yo no podre con los cuernos!

La Jefa y el Pardillo

 La Jefa y el Pardillo

Ella, mi jefa maciza; yo, inmaduro veinteañero. Me ponía muy caliente, no se cortaba ni un pelo.

Casada hacía diez años con un marido ya enfermo; siempre andaba repitiendo: «Yo me casé con un muermo».

Ante tal insinuación, yo nunca me terminaba. Era un cándido pardillo y ella me impresionaba.

Cuando me pillaba solo, aquello era un martirio: me abrazaba por la espalda y me buscaba el pitillo.

Al tocarme me decía: «Te noto muy asustado. Seguro que todavía no la has estrenado».

Yo la miraba a hurtadillas, ¡tanta carne yo veía! En vez de ponerse gorda, la ropa se le encogía.

Con veinte años, entonces, poco había yo "mojado"; con las ganas por las nubes, pero sin haber toreado.

Tuve que salir corriendo de esa tía pechugona, y para no dejar rastro, hasta cambié de patrona.

El acoso femenino poco se ha contemplado; aunque existe en su medida, casi nunca es denunciado.



El Sermón y el Porno.

 


Hizo la comunión, no asistía a misa; era un poco inquieto, se lo tomaba a risa.

Un día, estando sereno, se le ocurrió pensar que ya pasó mucho tiempo y se debía confesar.

Le dice al cura que peca, que quizás sea un trastorno: se encierra en su habitación todo el día viendo porno.

—Hijo mío, eso es grave, no te debes encerrar; eres joven, estás sano, sal a la calle a jugar.

—No tengo amigos, ni tampoco tengo amigas; con los jóvenes de ahora nunca hago buenas migas.

Me gustaría haber nacido en la época del abuelo; él siempre está contando que tenía muchos juegos.

—Sobre todo de casado, lo pasó como un enano; es lo que dice mi padre: ¡tiene catorce hermanos!

—Si leyeras la Biblia, se curaría el trastorno; cambiarías de opinión, dejarías de ver porno.

—No estoy muy de acuerdo, ustedes la han leído; hay curas pedófilos... de poco les ha valido.

El salto del camionero

 El salto del camionero

Una pareja actual, el Antonio y la Manola: él es un buen camionero, ella siempre está tan sola.

Así transcurren los días, como en tantas otras parejas; con paciencia lo soportan y sin demasiadas quejas.

Debido a su duro oficio, pasa mucho tiempo fuera; le gusta mucho conducir y ama la carretera.

Ella lo espera en la casa ansiando ya su regreso, soñando con el amor y, de vez en cuando, un beso.

En una de esas uniones, ella lo nota muy tierno; atrevida le pregunta si le ha puesto ya los cuernos.

—En un club de carretera me detuve a descansar; me fijé en una morena, tenía ganas de amar.

Al empezar la faena, vino a mí tu pensamiento; pegué un salto y me detuve por fiel arrepentimiento.

Ahora cuéntame tú, si has tenido tentaciones al dejarte tan solita por culpa de los camiones.

—Claro que las he tenido con el vecino de abajo; pero no pude saltar... ¡Por encontrarme debajo!



Tiempos de Mari castaña

 

Tiempos de Mari castaña

Tiempos de Mari castaña, donde nada tenía prisa, el cura montaba en burro para ir a decir la misa.

Cinco pueblos a su cargo, ¡aquello sí que era curro! Sin dinero para un coche, dependía de su burro.

Un día lo amarró mal (descuido atroz en un cura), y el animal se escapó a vivir una aventura.

En libertad absoluta despertó el bicho su instinto, y montaba a todo aquel que hallaba por el recinto.

Unos dicen que diez burras, otros juran que hasta veinte; la gente siempre exagera, todos sabemos que mienten.

Hasta la pobre María, que al huerto salió a mear, dijo que saltó la valla y la quiso violentar.

Aquello fue exagerado y casi todo mentira: solo había cinco burras... ¡Contando con la María!

Hicieron falta diez hombres para lograr su captura, reducirlo con dos sogas y acabar con la aventura.

Tras aquel festín de amor, el burro seguía con ganas; tenía el badajo listo para tocar las campanas.

Revolucionó a la aldea, aquello fue una locura, y todos fueron a misa a ver qué decía el cura.

Pero aquel día el sermón no estuvo muy acertado: reprochó a la parroquia lo que el burro había montado.

"Copiar lo que hace una bestia es un pecado mortal; él no irá nunca al infierno porque es solo un animal".

"Lo que vosotros debéis, para no llegar a pecar, es hacer siempre el amor solo para procrear".

La parroquia se levanta y se escucha este murmullo: "Hoy se pasó con el vino... ¡Mejor hacer caso al burro!".


Consejo de Madre

Consejo de madre

Te has convertido en adulta y, como buena madre, te aviso: si vas a buscar un novio, toma medidas, te lo preciso.

—Asumiré tu consejo, no tengo más que decir. Llevaré siempre en el bolso una cinta de medir.

La chica tomó en serio tan extraña advertencia, y cargó con la cinta métrica por si surgía una urgencia.

Llegó el primer muchacho pidiendo una relación, y ella le exige al instante: "¡Bájate el pantalón!".

El joven, muy extrañado ante tal petición, le quiso subir la falda mientras bajaba el calzón.

—¡No me subas la falda! Te lo vuelvo a repetir: antes de llegar más lejos, te la tengo que medir.

Consultaré con mi madre, que es una gran entendida; solo aceptaré tu trato si ella aprueba la medida.

El chico no comprendía aquella extraña manía, y al medirla, el pobre mozo medio encogida la tenía.

La madre vio las medidas y no le salía la cuenta, pues la chica aseguraba: "¡Mide un metro noventa!".

—¡Hija, tú no sabes nada! ¡Eso es mentira sencilla! Deja que la mida yo, que he sido modistilla.

Casi le dio un desmayo cuando ella se la midió: su hija no sabía de tallas... ¡Y con el chico ella se quedó!

El sexo ha evolucionad

 

El sexo ha evolucionado

El sexo ha evolucionado como algo extraordinario, tras algunas reflexiones, aquí va mi comentario.

Al pensar en cómo era, hasta yo mismo me asusto; si resucitara el abuelo, se moriría del susto.

Ellos no buscaban amor, ni a la mujer ideal; se la daban "en bandeja", por consejo familiar.

Eso del beso con lengua era una simple tontada; bastaba verle la pierna con la falda arremangada.

Tener alguna aventura antes del matrimonio, lo prohibía la Iglesia: ¡eran cosas del demonio!

Pasaban mucho deseo y muchas necesidades, antes de tocar mujer y entrar en profundidades.

Les daba igual la pareja, no buscaban especiales; como lo hacían sin luz... todas eran casi iguales.

Eran de "pico muy fino", pero nada de ser pijos; no hacían falta estudios para fabricar los hijos.

Como eran muy creyentes y no existían condones, no formaban familias... ¡Reclutaban batallones!


Celebrando una Separación.

 

Dos amigos, celebrando una triste separación, se agarran un buen pedo con licor de garrafón.

Uno ánima al otro, los dos se dan consuelo; van de acera en acera, al final caen al suelo.

Abrazados,
los dos
se empiezan a desnudar; parecen dos mariquitas empezando a cortejar.

El que está menos borracho se cree con mejor forma, hace una maniobra rara que se sale de la norma.

Siempre fue el más valiente, más decidido y más chulo; la poli los descubre con un dedo en el culo.

Al preguntarle qué hace con tan extraña medida: —Le meto el dedo en el culo y vomita la bebida.

—Eso no lo cree nadie, y no te hagas el chulo; estás vejando al compadre, ¡le estás dando por el culo!

—No estoy tan borracho, ni la idea es tan loca; ¡ya verás cómo devuelve cuando lo meta en su boca!


Diálogo de dos amigas

 

Diálogo de dos amigos

—¡Cuánto tiempo sin mirarnos, mi buena amiga María! Cuéntame cómo te va, que saber de ti querría.

Esas dos hijas que tienes seguro se habrán casado; tendrás nietos pequeñitos o alguna estará en estado.

—Mis dos hijas ya están juntas, una tuvo mucha potra: se casó con un buen rico, vive mejor que la otra.

La mayor tiene dos niños que son una monería; la segunda está esperando a que mejore la vida.

—Con la que estamos pasando* es difícil mejorar, está la cosa muy chunga para poder trabajar.

—Su marido sí trabaja, ella es la delicada: no le gustan los chiquillos ni quedar embarazada.

Mi yerno es un hombre bueno, más aún si está dormido, pero ella siempre se queja de la "pega" del marido.

Solo le pone un defecto al buenazo de mi yerno: que se parece a un venado ¡porque tiene mucho cuerno!

El Amigo Inseparable.


 Estoy perdiendo facultades, pensar me cuesta un montón; a pesar de darle vueltas, no encuentro la solución.

Dicen que vive colgado en medio de dos paredes; no es ningún murciélago y les gusta a las mujeres.

Pasa el tiempo encogido, pero en alguna ocasión, se estira más de su doble y no es un acordeón.

Cuando ve a una mujer, él nunca siente pereza; carece de pensamiento, pero le sobra cabeza.

Es como un bebé pequeño: de vez en cuando se mea; y cuando empieza a jugar, al poco tiempo babea.

Es un pájaro muy raro, lo que no sabe es piar; tiene un par de buenos huevos que no llega a empollar.

Lo admira mucho la dama en cualquier comunidad; lo suelen usar los hombres... sobre todo por detrás.

De niño se usa poco, de joven mucho más; para que sigan pensando, no les quiero decir más.

Si eres buen adivinador, mándame la solución; como ya soy un anciano, falla mi imaginación.