La sombra del orgullo
La familia la agobiaba, le impidió seguir conmigo. Yo me quedé destrozado, sin consuelo y sin camino.
Herido en mi propio orgullo, no supe reflexionar. Me marché a trabajar lejos, para poderme olvidar.
Así pasaron dos años, sin dar señales de vida. Ya no pude aguantar más: quise saber de su vida.
Ella ya tenía novio, pero dijo que me amaba. Si una promesa le hacía, al momento lo dejaba.
Su propuesta me asustó, no quise nada prometer. Y desde aquel triste día, no la he vuelto a ver.
Su boca era tan hermosa, sus labios yo los endulzaba. Con un terrón de azúcar, y después los besaba.
En mi recuerdo se quedan esos besos especiales. No los volví a repetir, fueron besos inmortales.
Es de esos viejos amores que no logras olvidar. Le echas la culpa al destino, sin saber ya qué pensar.
Espero verla algún día, para pedirle perdón. Ella fue buena conmigo; yo, un poco cabezón.
Eran tiempos muy oscuros, una época muy dura. La familia interfería, si no estabas a su altura.
Esos amores se marchan como billetes perdidos. Quien logre encontrarlos luego, ¡qué gran suerte ha tenido!

No hay comentarios:
Publicar un comentario