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viernes, 16 de enero de 2026

La Caida del Burro




Regresaba de la huerta, Tan alegre y cantando. Se produjo la tragedia y me la encontré llorando.

 La encontré por el camino, llorando, desconsolada; el burro la había tirado, se encontraba magullada.

La mujer, en esos tiempos, de lado,
siempre montaba; lo normal era caer al suelo si el burro se tropezaba.

Con el tobillo torcido no dejaba de llorar; me ofrecí como voluntario para ayudarla a montar.

—Monta con piernas abiertas, asegura bien la brida; si no cambias la postura, habrá pronto otra caída.

Cuando su padre la vio, que era bastante cazurro, rápido me culpó a mí de su caída del burro.

—Me la traes hecha polvo, con el cuerpo magullado; le habrás tocado las tetas, ¡seguro la has deshonrado!

Como esto termine mal, te vas a cagar del susto; te cortaré los huevos y me quedaré tan a gusto.

Me obligó entonces a jurar que no la había tocado, que subió ella sola al burro y no la había deshonrado.

Regresaron hija y madre, convencieron al cazurro: que yo era un buen rapaz y la culpa fue del burro.

Padres poco agradecidos, siempre estaban con la mosca; te metías en un lío... ¡Y sin comer una rosca!



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