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jueves, 1 de enero de 2026

Amores "toxicos" de juventud

 (Amor de Juventud)

Amor de su juventud, por quien fue menospreciada, tras pasar cincuenta años él regresa a su morada. Le cuenta una historia triste, enfermo y solo en el mundo, mendiga un poco de afecto de aquel amor tan profundo.

Ella vive sola y libre, pero con resentimiento: «¡Este fue un hijo de puta! Ahora viene con el cuento». —Mi amor por ti ya murió y tú te portaste mal. Vete a dormir al establo como cualquier animal.

Lo más que puedo ofrecerte es una sopa caliente; ¡espero que te haga daño y que al comerla revientes! Le sirve una sopa fría con restos del basurero, y para darle sustancia, se mea dentro el puchero.

«No me quiso de muchacha por entregarse a su vicio; ahora que es puro desecho, ¡que se beba el desperdicio!». Pero el destino es irónico cuando se quiere vengar: la sopa fue medicina y él empieza a mejorar.

Se pone fuerte y macizo, ni las gracias le da encima; en cuanto se siente sano, se marcha con la vecina. A esa que tanto odiaba porque otro amor le robó; así a la pobre mujer la suerte la abandonó.

Ya no sabe qué pensar, la infeliz se vuelve loca: ¡si el cabrón vuelve a enfermar, no le dará ni una sopa.

Pasaron un par de meses, la vecina lo ha dejado, porque el tipo era un parásito, ruin y maleducado. Ella lo echó a la calle de una patada en el rabo, y él vuelve donde la "ex", sintiéndose muy acabado.

Llamó otra vez a la puerta con cara de desvalido: —Perdóname, mi tesoro, ¡qué tonto y cruel he sido! Ella lo mira de arriba, con una sonrisa extraña, mientras piensa: «Esta vez, no me gana con su maña».

—Pasa, querido, no sufras, la lección ya la he aprendido, tengo un guiso en el fogón que te dejará dormido. Él se relame los labios, cree que ha ganado la guerra, sin saber que ella ha mezclado matarratas con la tierra.

—Cómelo todo, mi vida, que te veo muy flacucho, esta vez lleva "especias" porque te quiero yo mucho. Él se zampó tres platos, con ansia y con alegría, mientras ella disfrutaba viendo su hipocresía.

A la mañana siguiente, no hubo sol ni hubo vecina, él terminó sus andanzas dentro de una letrina. Y ella, viuda de alma, por fin descansa del chulo: «Ese amor de juventud... ¡que muera y le den por culo!».

Ese primer amor."El mejor"

 

Ese primer amor, nunca es olvidado. Por muchos años que pasen, siempre es recordado.

Eso me pasa a mí, que lo sigo recordando; con nostalgia y con pesar, al menos de vez en cuando.

Me levantaba atontado por no dejar de pensar. Me perdía el desayuno y me iba a trabajar.

Llegaba el mediodía, la hora de la comida. Seguía pensando en ella y también me la perdía.

A la hora de la merienda yo me pongo a meditar. Sigo pensando en ella, ¡me quedo sin merendar!

Es la hora de la cena y no dejo de pensar en ese primer amor... y me acuesto sin cenar.

Estando ya en la cama, mis tripas me dan calambres. No me puedo dormir por estar muerto de hambre.

Ante tanto sufrimiento, me estaba quedando tieso; sin recibir un abrazo y mucho menos un beso.

Yo estaba lejos de ella, me llamó desesperada: —"Si puedes, ven a verme, que tengo la tripa hinchada".

Ella, al verme, me abrazó y se mostró cariñosa. Yo pensé: "Esto es muy raro, cómo ha cambiado la cosa".

Yo quise aprovechar, ella dijo: "No te pases, que tengo la tripa hinchada y se me escapan los gases".

Sin comerme una rosca, yo le di la solución: —"Tírate unos buenos pedos y te baja la hinchazón".

Al estar muy separados, mejoró la situación. Como por arte de magia, se le bajó la hinchazón.

¿Cómo bajó su hinchazón? Eso yo nunca lo vi; pero con la tripa plana, no quiso saber de mí.

No seáis malpensados, sé lo que estáis pensando. Yo sigo pensando en ella... al menos de vez en cuando.