Movil de juventud
En mi juventud no había tecnologías de ahora; el móvil no existía, la campana era la emisora.
Había un toque para todo con mil interpretaciones: uno para ir a la iglesia, otros para las reuniones.
Eran sonidos distintos: si era rápido, era misa; si se anunciaba un incendio, se tocaba más deprisa.
Las ánimas del purgatorio también eran recordadas: al caer la tarde se oían tres veces tres campanadas.
El día de algún entierro se rendía un homenaje, doblando con paso lento deseando un buen viaje.
Con un sonido perfecto, si era bien ejecutado, llegaban las noticias hasta el pueblo de al lado.
El cura tocaba a misa y subía al campanario; con fuerza daba los golpes para rezar el rosario.
Hoy ya no suben la torre, las tocan desde debajo; no quedan curas tan jóvenes que puedan con el badajo.
Había expertos famosos, de alguno yo me acuerdo; en aquella sociedad eran orgullo del pueblo.
Daban hermosos conciertos que podías escuchar sin pagar una entrada, en el centro del lugar.
La juventud de otros tiempos repicaba cada día... ¡Hoy no queda quien se atreva a subir con alegría!