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domingo, 11 de enero de 2026

Un Hámster muy Travieso.


Tiene un hámster de mascota, le da mimos y atención. Un día se le escapa... ¡Vaya mala situación!

Llegó a casa de la vecina, mujer mayor y con caprichos. Él es joven, inexperto, solo sabe cuidar bichos.

Ella lo recibe alegre, está en pelota picada. Estaba tomando el sol para seguir bronceada.

Ante tal escenario, el joven queda perplejo. Tartamudeando dice: —¡Vengo a buscar mi conejo!—

—Un diablillo, ese conejo, travieso y aventurero. Como me pilló desnuda, se metió en el agujero.

Estaba tomando el sol, me encontraba relajada. Solo noté unas cosquillas y no le impedí la entrada.

Para obligarlo a salir, solo hay una manera: quédate tú en cueros y enchufa ya la manguera.—

Enchufó bien su manguera, más el conejo no salía. La mujer le comentaba: —Habrá que usarla más días.

Mueve bien esa manguera, como si estuvieras regando. Piensa que si formas charcos, se terminará ahogando.—

—¡Qué conejo tan extraño!— él no llega a comprender. —¡Que no se muera de hambre sin salir nunca a comer!—

—Tú lo encierras en la jaula, pasa frío y mucho calor. Aquí, en la madriguera, se siente mucho mejor.

Él te quiere con locura, te ama a su manera. Se pone muy contento cuando lo riega tu manguera.

Debemos de tratarle con amor y con cariño. Necesita de cuidados... ¡Más o menos como un niño!

Si vienes a visitarle, de hambre no va a morir. Mientras le des biberón, no querrá nunca salir.—

En lo alto del tejado, un gato está mirando. Él se está relamiendo y el joven sigue regando.

Consulta a laPitonisa.


 El marido la trata mal, la mujer es un gran lío; no sabe cómo librarse del capullo del marido.

No confía en la justicia, esto ya le había ocurrido: le pasó con un antiguo novio, vago, torpe y pervertido.

Le puso una denuncia que no le sirvió de nada; como solo eran novios, dijeron que lo dejara.

Separarse o divorciarse no es para tomarlo a risa, pero estas cosas es mejor solucionarlas deprisa.

Va donde una pitonisa que le diga el futuro; esta le dice: "No sufras, que no te lo veo oscuro.

Eres joven, eres guapa, y me dices que estás casada; vive feliz de la vida, no te preocupes por nada".

—"Cómo estoy, eso ya lo sé, no es a eso, a lo que he venido; lo que quiero que adivines es qué pasa con mi marido".

Saca la bola, la bruja, la comienza a frotar; en cuanto le quita el polvo, empieza ya a conjurar.

Media hora frotando bola... al terminar el conjuro, le dice con cara sería: —"Al marido lo veo oscuro.

Trátale con gran cariño, en futuro y en presente; le queda poco de vida: morirá en un accidente".

—"Eso ya me lo sabía, lo tengo superclarito... ¡Dime si quedaré impune o descubren el delito!".


El Aparato es Pequeño.

 

Cariño, quiero marcharme una corta temporada. Tu aparato es tan pequeño que me tiene algo agobiada.

—¡Dime que ya no me quieres! ¡Que de mí estás ya cansada! ¿Es por eso que te marchas una larga temporada?

—No lo pienses, amor mío, no te quiero solo un rato. Te lo digo muy en serio: ¡es culpa del aparato!

—Cariño, no te comprendo, eres un poco exigente. A pesar de ser pequeño funciona perfectamente.

—Será cuando yo no estoy y te quedas solo en casa... porque cuando estamos juntos, ¡esa cosa nunca pasa!

—¿Por qué te vas en invierno? Mejor espera al verano. Te dejo que lo hagas sola y yo lo haré todo a mano.

—Sería injusto de mi parte que yo la use a diario, y tú tengas que ir al baño a hacerlo en solitario.

—Si la metes tú y yo también, ¿ves que se queda atascado? Compraremos una más grande y todo solucionado.

Es un pequeño problema el que tenemos ahora. Para mejorar el panorama... ¡Compraremos otra, lavadora!

Historias de Prendas Intimas.

 

Con estas historias trato de olvidar el presente, para no caer en penas y así activar la mente.

El hombre llegó cansado de trabajar todo el día, sin tener la cena lista y viendo allí a la María.

Con sus agujas muy largas y el suelo lleno de ovillos, dice que le está tejiendo unos buenos calzoncillos.

—Sabes que yo no los uso ni los pienso estrenar, que es una prenda incómoda a la hora de mear.

—Sé lo poco que te gustan, más tendrás que comprender que en el día de la fiesta te los vas a tener que poner.

La mujer los terminó, los guardó en un apartado, esperando que llegara ese día señalado.

En las fiestas de aquel pueblo se vistió con mucha prisa, se puso los calzoncillos para ir derecho a misa.

Allí lo pasó fatal, ¡qué largos eran los sermones! Cuando el cura mandó rezar, se rascó... las intenciones.

Se marchó a todo trapo sin dejar de lamentar; llegó a casa, los quitó, ¡y le seguía el picar!

La María lo curó, le puso hasta vaselina, y juró que el siguiente sería de lana fina.

Un Marido muy Pesado


 Un marido pesado le recuerda a diario: «¿Qué obsequio piensas darme en nuestro aniversario?».

—No me atosigues más, que lo tengo que pensar; una cosa que te agrade y yo pueda descansar.

Llega el día señalado, le desvela el misterio: —Te acabo de comprar un nicho en el cementerio.

—¡Qué regalo tan macabro! No esperaba eso de ti. Noto que me quieres poco y quieres librarte de mí.

—Te quiero mucho, cariño, eres un mal pensado; quiero tenerte muy cerca, y el camposanto está al lado.

—Morirás antes que yo; así, de vez en cuando, puedo visitar tu tumba y saber dónde estás descansando.

Llega el cincuenta y uno, él vuelve a preguntar: —¿Amorcito, este año qué me piensas regalar?

—¡Una mierda como un piano te acabo de encargar! Ya que el del año pasado lo tienes sin estrenar.


"Crónica de una Aldea"


Es una anécdota más de esta España despoblada, cosas raras que suceden en una aldea olvidada.

Un cura para diez pueblos, cuatro gatos en la misa; se celebra cada mes y el hombre corre con prisa.

Repican ya las campanas, él espera con desvelo, pero al pasar media hora ya se está tirando al pelo.

Dos viudas que van cojeando se acercan pausadamente; el cura pierde los nervios al contemplar el ambiente.

Cuando por fin han llegado, él ya se quitó la estola: —"Me marcho porque van tarde", y allí las dejó, solas.

Parece cosa de chiste, pero es una pena suma: ni quedan fieles al rezo, ni sacerdotes con sotana.

Yo propongo a la Iglesia, para quitar la pereza, ofrecer buenos bocados y regalar la cerveza.

Que cambien ya las hostias por una buena hamburguesa; verán que hasta los ancianos se sientan pronto a la mesa.

Antes corrían al templo al primer toque de misa; hoy solo van si hay banquete y lo degustan sin prisa.

Está más que comprobado: si quieres juntar al personal, ponles comida y bebida... ¡Y acudirán al ritual!

Pequeña y sutil caricia.

 

Hablar hoy de las mujeres es no llegar a un acuerdo, si una te hizo una faena, no se borra ese recuerdo.

Media amiga, media novia, meses sin poder tocarla, ¡vaya sorpresa me llevo al intentar abrazarla!

Dio un gran salto hacia atrás llamándome "cara dura", dijo que debía esperar... que aún no estaba madura.

"Solo pido un buen abrazo, una pequeña caricia, sin pensamientos malignos y sin ninguna malicia".

—Eso sí que lo permito, sin pasarte de la raya, que a una amiga por un roce... ¡Le creció la valla! (o se quedó embarazada)

La tomé por la cintura con extrema sutileza, pero a pesar del cuidado, se me disparó la pieza.

Su reacción inmediata fue levantar la rodilla; con un poco más de tino, me cocina una tortilla.

Allí me dejó plantado, ni adiós me quiso decir, como un árbol desgajado que ya no puede subir.

Yo, tirado por los suelos, suplicando su perdón, y ella gritando a los vientos: —¡¡¡Pero qué eres, maricón!!!—

Se terminó aquella cita, se fue la gran ocasión... Yo pensaba que aquel gesto no era ser un maricón.

Generación silenciosa



Generación silenciosa.

 Soy de esa generación que, antes de saber andar, no se transformó en vampiro porque no pudo volar.

Nací en un cuarto oscuro, los ojos me los taparon; con bastos trapos de lino, manos y piernas me ataron.

A los tres meses, apenas, me tenían que "actualizar": me sacaron a la calle, me tenían que bautizar.

Demasiado brusco el cambio para todo ser humano: sin dar mi consentimiento, me convierten en cristiano.

Vierten agua en mi cabeza y yo me quedo encogido; el cura traza una cruz y me sale un sarpullido.

Me metían en un saco sin cantarme una nana; cuando salían al campo, me colgaban de una rama.

Para dormir, mismo sistema: como cuelgan los jamones; eso era para librarme de mordidas de ratones.

Al estar como una momia, dos años tardé en andar; cuatro años para correr, a los cinco... a trabajar.

Es una historia macabra que se me vino a la mente; en años de la posguerra era común y corriente.

Yo tuve la mala suerte por nacer en el cuarenta; pasar por todos esos trances es para tenerlo en cuenta.

Esto lo cuento a los nietos, me dicen: "estás mintiendo"; "son historias inventadas, no las estamos creyendo".


El drama de los tacones

 

El drama de los tacones

Nunca se puso tacones, al fin le llegó la hora. Estaba emocionada: era el día de su boda.

El vestido muy sencillo, el pueblo es muy pequeño; las calles sin asfaltar pueden truncar su sueño.

A la iglesia se va andando, un trayecto muy sencillo. No sabe andar con tacones: cae y se rompe un tobillo.

Las familias esperando por lo que pueda pasar; piensan que se arrepintió y no se quiere casar.

Lloros en la familia, novio y cura esperando; ella en el suelo, hecha un cristo, no puede llegar andando.

Un primo con decisión sabe cómo reaccionar: se la sube a la espalda, se presenta en el altar.

El novio, ante ese cuadro, ya no sabe qué pensar. Cree que ya tiene cuernos y no se quiere casar.

Las familias se insultan, se arman muchos follones, por culpa de la novia que no probó los tacones.

Pasó hace muchos años, difícil que ocurra ahora, que se prueban bien las cosas mucho antes de la boda.