Tiene un hámster de mascota, le da mimos y atención. Un día se le escapa... ¡Vaya mala situación!
Llegó a casa de la vecina, mujer mayor y con caprichos. Él es joven, inexperto, solo sabe cuidar bichos.
Ella lo recibe alegre, está en pelota picada. Estaba tomando el sol para seguir bronceada.
Ante tal escenario, el joven queda perplejo. Tartamudeando dice: —¡Vengo a buscar mi conejo!—
—Un diablillo, ese conejo, travieso y aventurero. Como me pilló desnuda, se metió en el agujero.
Estaba tomando el sol, me encontraba relajada. Solo noté unas cosquillas y no le impedí la entrada.
Para obligarlo a salir, solo hay una manera: quédate tú en cueros y enchufa ya la manguera.—
Enchufó bien su manguera, más el conejo no salía. La mujer le comentaba: —Habrá que usarla más días.
Mueve bien esa manguera, como si estuvieras regando. Piensa que si formas charcos, se terminará ahogando.—
—¡Qué conejo tan extraño!— él no llega a comprender. —¡Que no se muera de hambre sin salir nunca a comer!—
—Tú lo encierras en la jaula, pasa frío y mucho calor. Aquí, en la madriguera, se siente mucho mejor.
Él te quiere con locura, te ama a su manera. Se pone muy contento cuando lo riega tu manguera.
Debemos de tratarle con amor y con cariño. Necesita de cuidados... ¡Más o menos como un niño!
Si vienes a visitarle, de hambre no va a morir. Mientras le des biberón, no querrá nunca salir.—
En lo alto del tejado, un gato está mirando. Él se está relamiendo y el joven sigue regando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario