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lunes, 19 de enero de 2026

Dudas y temores en la primera cita


 

Dudas y temores en la primera cita

Tiene cita importante, es cerca de las diez; no sabe si dolerá, al ser la primera vez.

Él es guapo y atractivo, ya la está esperando; un beso de bienvenida para irse relajando.

La mete en la habitación, muy educado la invita: «Póngase muy cómoda, y quédese quietecita».

—Sé que es la primera vez, soy experto en la cosa; lo haré con mucha suavidad, no se ponga nerviosa.

Le introduce algo redondo, siente un poco de dolor; lo mete muy lentamente, con cuidado y con rigor.

Ahora viene lo peor, pues emplea más fuerza; le pide que se relaje, no quiere que se le tuerza.

Al final ya se la saca, ella se encuentra mejor; no fue tan grave la cosa, ya no siente más dolor.

—Te doy mi enhorabuena, ¡qué valiente y dispuesta! —Es que caí en buenas manos, ¡pues eres un buen dentista!

Se marcha muy sonriente, con la boca anestesiada, pensando que, después de todo, no ha sentido casi nada.

Son amores antiguos


 Son amores antiguos

Son amores a la antigua, de una época lejana: el mozo en plena calle, ella tras la ventana.

Se estilaba el cortejo con una manta de lana; se tapaba el pretendiente y cubría la ventana.

La moza estaba por dentro, separada por barrotes, evitando así los padres que se dieran cuatro azotes.

Pusieron mil barreras para evitar el pecado, pero muchas veces vimos que nada había servido.

Los padres, muy enfadados, piden mil explicaciones: sus hijas están con tripa... ¡están hasta los melones!

Aunque la ventana sea alta, es muy fácil explicar: se ponían unos zancos para así poder llegar.

Con el cuerpo entre las rejas, bien te salen las cuentas; eso facilita mucho el uso de herramientas.

Si la noche es muy oscura y la manta es muy parda, el trabajo se prolonga hasta la luz del alba.

A pesar de las rejas, pusieron mosquiteras; pero las tripas siguieron saltando las barreras.

La manta dejó de usarse, cambió la forma de amar; emigró la juventud, los padres quedaron atrás.

Hoy la mujer se libera, la medicina camina; se hinchan menos barrigas, se usa más la "gabardina".

Ya no se usan las mantas, ni se escala la pared; hoy se buscan los amores atrapados en la red.



Recuerdos de un viaje


 Recuerdos de un viaje

¿Recuerdos? ¿Solo esos recuerdos? Los que me quedaron de ti, que no me quisiste a mí y con otro te marchaste. No supiste que el amor estaba en lo que dejaste.

Me diste muy poco afecto y escasas satisfacciones, despreciaste mis amores y el alma me has malherido; me dejaste aquí olvidado, triste, solo y deprimido.

Me enviaste por otro rumbo, quizás fuera mi destino, pero me queda la duda al verte por el camino. Que otro disfrutó de ti y nada quedó para mí.

No sé cómo te fue la vida, deseo que te fuera bien, y que no sufras la herida de haber perdido aquel tren.

Si tan solo lo hubieras tomado, sin miedos y sin equipaje, hoy nos quedaría el recuerdo... el recuerdo de un buen viaje.

Así se escriben las sombras, con huellas que borra el ayer. Tú eres solo un recuerdo... de lo que no pudo ser.

Poco ducho en el amor


Poco ducho en el amor

Poco ducho en el amor, ansioso de sensaciones, se fue para la discoteca donde hay chicas a montones.

Se siente muy despistado, no sabe ni cómo entrar, y se queda recostado con un whisky en la barra del bar.

A su vera una morena bebe un trago con fijeza; los dos miran a una rubia y sonríen con franqueza.

—A ti te gustan las rubias, no miras a las morenas; la verdad es un bombón, esa tía está muy buena.

Me la llevaría a casa, allí la desnudaría; cubierta toda de nata, yo me la merendaría.

Con ese pecho que tiene, que parecen dos volcanes, mi lengua se pegaría como pegan dos imanes.

Rozaría yo sus muslos, suave, muy suavemente; perdería entre sus piernas la cabeza hasta la frente.

Le haría el amor mil veces con locura y con pasión; no me importaría morir de un ataque al corazón.

—Tú eres una morena que está de mucho paquete; olvidemos a la rubia... ¡y echemos un casquete!

—Eres un tío muy majo, iría de buena gana, ¿pero no te habías fijado en que yo soy una lesbiana?

—Si eso hace una lesbiana, a mí me está enamorando; ¡enséñame a ser lesbiano, que yo me paso a tu bando!

—Siendo así —dijo el novato—, ¡ya no hay más discusión! Pídete otra copa, "socia", y busquemos un bombón.

El Soltero y el Pastel Rancio


 El Soltero y el Pastel Rancio

En una noche de frío, comentaba un hombre casado: —Como estás solo y soltero, te vas a quedar helado.

—No lo crees ni borracho, soy el más feliz del mundo; es posible que no sepas que yo vivo en un segundo.

Rodeado de vecinas que todas están de vicio, tan jóvenes y bonitas que calientan el edificio.

En casa, medio desnudo, solo uso el albornoz, por si alguna me llamara para pedir sal o arroz.

Como soy un buen vecino, siempre dispuesto al favor, le puedo echar una mano... o las dos, si es lo mejor.

—No te tires tantos faroles, eres un soltero feo; nunca te has comido un dulce ni catado un caramelo.

Así que mejor no presumas de estar rodeado de mujeres, que están tras una vitrina y ni de lejos las hueles.

—Peor es estar casado y andar siempre amargado, con un solo pastel rancio... ¡y deseando el de al lado!

—Sigue soñando, vecino, entre arroz y albornoces, que a falta de pan, buenas son... ¡Tus fantasías precoces!


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El Aprendiz de Tratante.

 El Aprendiz de Tratante

Un niño pide a su padre que le deje acompañar, a la feria del ganado para aprender a comprar.

—Hijo mío, puedes venir, ya que pones tal empeño; las cosas se aprenden bien si se empieza de pequeño.

Hay que fijarse en los tratos, no es una cosa sencilla, y menos cuando se trata de escoger una novilla.

El padre empieza a mirar su buen lustre y estatura; ve una que le convence, revisa su dentadura.

Da palmadas en el lomo, ve si es brava o inquieta, le tienta bien la barriga y le soba bien las tetas.

El niño está asombrado, no dice ni una palabra; aquello ya lo ha visto antes y se ha quedado sin habla.

—Puedes dar ya tu opinión, dime si te ha gustado; no has abierto ni la boca, te veo como atontado.

—Eso se lo hace el novio a mi hermana en el pajar; y él no tiene ni una perra... ¡Ni!
la piensa comprar!

El padre quedó de piedra, rascándose la cabeza: —¡En la feria se hace el trato, pero en casa la sorpresa!

Polivalentes los niños


Polivalentes los niños

Polivalentes los niños, teníamos que valer para todo: hasta llevar a la vaca a que la montara el toro.

Un padre le dice al niño: —Ponle a la vaca el ramal, y llévala donde el toro, que la tiene que montar.

Ten mucho cuidado, hijo, que no te dé una patada; no sea que el toro se embale y te suelte una cornada.

—Átale, una soga larga, que no se pueda soltar, pues si ella no está dispuesta, se te podría escapar.

El niño agarra a la vaca, la guía con gran ternura, pero a mitad del camino, se tropieza con el cura.

—¿A dónde vas tú, rapaz, con la vaca tan atada? —A que la monte aquel toro, a ver si queda preñada.

—Lo que haces es peligroso, no lo sabrá ni tu madre; esto no es cosa de niños, debería hacerlo tu padre.

—Mi padre ya lo intentó, y no sirvió para nada; si el toro no la monta ahora, no quedará la preñada.

El cura se fue asombrando, santiguándose al andar: —¡Vaya cosas de estos tiempos, que ni el padre sabe ya!



El Ciclo del Altar

El Ciclo del Altar

Si te casas por la iglesia, esto te puede pasar: que con el tiempo se olvide lo jurado ante el altar.

Hay un periodo primoroso donde cumples los juramentos, hasta que llegan los hijos y truncan esos inventos.

Al repartir el cariño, al hombre le llega menos; cuando llega el segundo... ¡Ahí sí que lo perdemos!

Si es familia numerosa, no veas lo que se avecina: la mujer se deteriora y miras a la vecina.

Sigue el curso de la vida, los hijos se van del hogar; empieza un nuevo ciclo que no sabes afrontar.

A todo esto le añadimos que te encuentras jubilado; no puedes estar en casa, estorbas en cualquier lado.

Lo llevas como puedes, se va agotando la edad; ya solo esperas "cascarla" a ver si hay felicidad.

No encuentras la alegría, y mucho menos consuelo, hasta que te encuentras de nuevo con tu mujer en el cielo.

—¡Marido, qué alegría! ¡Nos volvemos a encontrar! Seguiremos las promesas que hicimos ante el altar.

—¡Me tienes hasta los cojones! ¡A ti no hay quien te pare! Que la promesa solo fue... ¡Que la muerte nos separe!

San Pedro mira de lejos, se ríe de la situación: "¡Haber leído la letra pequeña, antes de la bendición!"

El Genio de las Finanzas


 El Genio de las Finanzas

Dudaba de su mujer, y lo que aún era peor: le dolía la cabeza, nunca hacían el amor.

Su trabajo era una mierda, él no era ningún artista; como tantos españoles, era un simple mileurista.

Su mujer era estupenda, merecía sus alabanzas: ahorraba mil euros al mes, ¡un genio de las finanzas!

Difícil de comprender, hasta para un ignorante; cada día sospecha más que ella tiene un amante.

Su sospecha se confirma, los pilla en plena acción: «¡Voy a cortarle los huevos a ese pedazo cabrón!».

—Marido, piénsalo un poco, no le cortes los cojones; te quedas sin casa y coche, no habrá más vacaciones.

Esto detiene al marido, que se queda meditando, mientras el amante espera en la cama tiritando.

Rápido coge una manta, ella cree que va a asfixiarlo, pero con delicadeza él se dispone a arroparlo.

—¿Marido, qué coño haces? ¿No lo ibas a liquidar? —Con la mierda de tu sueldo, jamás podrías ahorrar.

No me tildes de loco, soy un tío muy cuerdo: cuidaré con cariño este aumento de sueldo.

Ya no importa la cornamenta, ni el orgullo, ni el honor; si el amante paga el coche, ¡que viva el trío y el amor!

El Mandil y el Delantal


El Mandil y el Delantal

Es un pequeño recuerdo a unas prendas sin igual, hoy puestas en el olvido: el mandil y el delantal.

Prendas que son muy antiguas con infinidad de usos; como una navaja suiza, fueron prendas multiusos.

Se veían en las abuelas, que en aquel gran bolsillo lo mismo guardaban todo... ¡Parecía un rastrillo!

Cuando algo se rompía, en verano o en invierno, echaban mano al mandil y ponían un remiendo.

Si la abuela te veía que te colgaba el moquillo, la solución la tenía ahí mismo, en el bolsillo.

Por debajo del mandil, las había con mucha maña; con gran disimulo ellas se rascaban la castaña.

Si el novio le comentaba: —"¿Cómo estás, vida mía?"—, levantando dicha prenda sabía lo que quería.

Y si sentía vergüenza al ver una cosa rara, esas prendas le valían para taparse la cara.

Si esto pasara ahora, causaría mucha risa; antes solo lo quitaban para asistir a la misa.

Hoy quedan en el baúl, descansando en el olvido, pero guardan el aroma de lo mucho que han querido.

En la fiesta de San Juan

 En la fiesta de San Juan

En la fiesta de San Juan, para buscarme una novia, te puse un ramo de guindas con una dedicatoria.

Te puse un hermoso ramo sin quitarle una cereza, pues te mereces el mundo por tu gracia y tu belleza.

Subí a lo alto del tejado, te puse el ramo, mi vida; si me quieres, dímelo, que tu mano será pedida.

Para ponerte ese ramo mucho he tenido que sufrir, pero por lograr tu amor no dejaré de insistir.

Anoche, sin luna llena, subí hasta tu tejado; son locuras que se hacen por estar enamorado.

Si tu padre se enterase de que rompí un par de tejas, me hincharía bien el morro y tiraría de mis orejas.

Si nuestra relación quieres al fin formalizar, te espero cuando oscurezca escondido en el pajar.

Más si el padre se enteraba y uno no era de su agrado, ¡te daba un tiro en el culo y salías mal parado!

Era todo muy romántico, arriesgado y divertido; es una verdadera pena lo mucho que se ha perdido.


Goles en el pasado

Goles en el pasado

Una noche se encontró con un amor del pasado. Habían pasado mil años, pero no fue olvidado.

Qué dulce resulta el recuerdo de amores y de aventuras, aquellas llenas de besos, abrazos y calenturas.

Coinciden los dos ahora: les faltó hacer el amor, por eso aquel viejo noviazgo les fue de mal en peor.

—Hoy podemos hacerlo, soy moderna y decidida, ya no tengo aquel temor de que crezca mi barriga.

Cuando la vio ya desnuda se disparó la pasión, volvió a cumplir los veinte y se puso como un león.

Él estaba sudando, ella pedía más meneo, casi caen de la cama con el fuerte traqueteo.

Su mujer le da un codazo, él despierta alborotado. —Sueñas, roncas y jadeas, ¡vete a dormir a otro lado!

¿Me quieres explicar ahora qué coño te está pasando? Dices más tonterías que si estuvieras soñando.

Él se frota los ojos, no sabe qué responder: —¡Es que soñaba con fútbol, no te enfades, mi mujer!

Las etapas del aparato

Las etapas del aparato

Estudió en un convento, donde estuvo internada. Sabía poco de hombres, estaba mal informada.

Le pregunta a su madre, aprovechando un rato: —Que me explique, señora, ¿cómo va el aparato?

—Espera un poco, hija, lo pienso unos momentos. Cuando lo tenga claro, te daré los ejemplos.

Tiene varias etapas, ese "miembro" tan noble: A los veinte es perfecto, fuerte como un roble.

Pasamos a los treinta, vivaracho y manejable; puedes jugar con él, es flexible y confiable.

Llegamos a los cincuenta, y se empieza a doblar; si lo tratas con cariño, aún sirve para jugar.

De los cincuenta a sesenta, etapa de transición: padece el mal del sueño y se vuelve dormilón.

Al llegar la tercera edad, no lo calienta ni el horno; no quiere salir de casa y es puro objeto de adorno.

Ya lo sabes, hija mía, ahí tienes la información. Y si dudas... ve con tu padre, que lo tiene en el colchón.

Hija, no busques más ciencia, ni pidas más explicación, que a los años del viejo... solo queda la intención.

El Yerno y la Suegra

El Yerno y la Suegra

Vive con su suegra bruja, la quiere menos que al gato, un día la dan por muerta, busca un entierro barato.

Nada de tumba de mármol, ni lujos de panteón, que la entierren boca abajo en caja de cartón.

La llevan al velatorio con el ataúd cerrado, de una patada lo rompe: ¡la vieja ha resucitado!

No fue tal resurrección, pues ella no estaba muerta, sufrió una catalepsia mientras echaba la siesta.

El yerno sale corriendo, creyendo que es una guasa, con esa bruja viviente no quiere volver a casa.

Un amigo se lo encuentra abatido y asustado, le da el sentido pésame porque cree que ella ha palmado.

—Yo también me lo creí, compré una caja barata, ¡pero la bruja la rompió con solo estirar la pata!

—Eres un puto tacaño, te está bien empleado, ¿no conoces el refrán? ¡Que lo barato sale caro!

Para la próxima vez, lo que tienes que hacer: ¡cómpralo de acero puro que no lo pueda romper!

Que sirva de moraleja a todo yerno tacaño: si no inviertes en la caja, ¡te durará cien mil años!

Me equivoqué de entierro!


¡Me equivoqué de entierro!

Su marido se murió, y lo piensa celebrar, en cuanto acabe el entierro, se piensa ir a emborrachar.

Siempre fue un gran cabrón cometiendo mil maldades, pero al llegar el entierro, resaltan sus bondades.

El cura suelta el sermón, cosas del cristianismo: "ningún muerto fue malo", a todos dicen lo mismo.

"Fue un perfecto cristiano, cumplió los mandamientos, tenía un gran corazón y nobles sentimientos".

"Era el padre perfecto, un marido ejemplar, amó siempre a todo el mundo, desde el principio al final".

La viuda al oír aquello, siente que estalla su ira, no lo puede soportar, se da la vuelta y se pira.

"¡María, no te escabullas! que no terminó la cosa, aún queda rezar un poco y dejarlo en la fosa".

"Ese no era mi marido, era un cabrón y un perro; por lo que usted está contando... ¡me equivoqué de entierro!

Si ese es un hombre tan bueno, que lo llore su familia, yo me voy a la otra caja a brindar con alegría".

Cuestión de imagen

 Cuestión de imagen

Políticas con melena, políticos sin afeitar; no traen buenas noticias, tratan de disimular.

Seguro se dejan barba, ya sea corta o alargada, es para que no les digan que les sobra mucha cara.

Si se rapan la cabeza, cuidándola con esmero, es solo para ocultar que se les ve el plumero.

Dicen palabras extrañas, juegan a desorientar, cuando todos entendemos lo que es subir y bajar.

Las políticas también usan otra estratagema: se tapan media cara con una larga melena.

Si quisieran dar la cara de una forma más sencilla, lo más lógico sería usar una simple horquilla.

Si hoy dan una noticia, no vale al día siguiente; tratan de volvernos locos y destrozarnos la mente.

En conclusión del asunto, todo es un puro camelo: no cumplen lo prometido, nos están tomando el pelo.

Que no nos engañe el corte, ni el tinte ni el peinado, que el político se viste con lo que nos ha quitado.



El Desastre de la Colada

El Desastre de la Colada

Juntó tantos calzoncillos, una cosa exagerada, quería lavarlos todos en una sola tongada.

Puso bien la lavadora, añadió el detergente, echó una gran cantidad con programa muy caliente.

Cuando los quiso sacar, eran un puro desecho, no entendía qué pasó para que ocurriera eso.

Al leer bien la etiqueta, descubrió el desaguisado: no puso lo que debía, ¡vaya si se había equivocado!

Querer tanta limpieza se convierte en una manía, pues cargó la lavadora con dos litros de lejía.

Ahora está sin calzoncillos, con las bolas al aire colgando, se pondrá una mascarilla mientras las va desinfectando.

Las desgracias no terminan, se vuelve a equivocar: usó alcohol de noventa ¡y se le van a pelar!

Entra rápido en la ducha para aliviar el momento: han desaparecido las bolas y el complemento.

Tanta recomendación que exige mucha limpieza, puede dejar a uno tonto... ¡Y hasta perder la cabeza!


La Vida de un Sueño

La Vida de un Sueño

Cuentan las malas lenguas que ella nació dormida; con un golpe en el trasero comenzó recién su vida.

La enfermedad del sueño no era entonces conocida; al no haber tratamiento, le marcó toda su vida.

En el cole se dormía, en la iglesia hasta roncaba; cualquier sitio le servía si la siesta la llamaba.

Su novio le da cien besos, más ella no se despierta; se queda siempre dormida con la boca medio abierta.

Llega la noche de bodas, la gran noche de su vida; solo con tocar la cama se queda ya inadvertida.

Y así se queda en estado, sin saber cómo ha pasado; como siempre está dormida, ni de la unión se ha enterado.

Llega el día del alumbramiento y se encuentra muy calmada; se sume en un sueño profundo, sin sentirse importunada.

Su vida pasó deprisa en un letargo risueño; seguro que sufrió poco viviendo dentro de un sueño.

Si los sueños son felices y se gozan con alegría, se levanta uno dichoso y pasa mejor el día.

Pienso que vivir así sería hasta interesante: ¡dejaría uno de pensar en tanto golfo y mangante!

Y así descansa la pobre, sin penas y sin desvelo, que si aquí vivió durmiendo, roncando estará en el cielo.

El encuentro de las ocho

 El encuentro de las ocho

Me siento medio dormida, me lo meto en la boca. No me espabila nada, hasta me quedo más sopa.

Siento que se ha salido, lo vuelvo a introducir. Lo agarro con firmeza, que no se vuelva a salir.

Lo muevo a todos lados, le doy arriba y abajo. Como le doy tan fuerte, me hace un daño del carajo.

Me asombro al sacarlo: ¡deja pelos en mi boca! Pienso que no estoy despierta o me estoy volviendo loca.

Parece que me habla, diciendo: "pero qué mema, para meterme en la boca, tienes que darme una crema".

Tras untarle la pasta, eso empieza a gustarme. Al paladear su sabor, logro al fin desperezarme.

Su gusto es exquisito, me llega a emocionar. ¡Tanto nervio pongo en ello, que me ha hecho hasta sangrar!

Lo miro detenidamente y me pongo a pensar: "Este cepillo de dientes... ¡Lo tengo que cambiar!".

Aclaro mis pensamientos, mientras me enjuago la cara: ¡No se puede estar tan tonto con la luz de la mañana!



Reencuentro de Amigos

Reencuentro de Amigos

Pasados los treinta años, se encuentran dos viejos amigos. Se ponen a recordar sus amores y sus amoríos.

Aquellos felices años, con pocas preocupaciones, eran de correrse juergas y pasarlo de cojones.

Su memoria rescataba todas aquellas conquistas: las más guapas, las más feas, las más tontas, las más listas.

—Tú, como eras tan guapo, a todas las conquistabas; yo tenía que conformarme con aquellas que dejabas.

—A ti lo que te pasaba es que estabas como una cabra, pero también conquistabas pues tienes don de palabra.

—¿Dime con quién te casaste? ¿Si es que ella te deja hablar? —Me casé con una muda que solo sabe escuchar.

—Tú, con tantas candidatas, habrás tenido un dilema; seguro que estás casado con una tía muy buena.

—Tanto éxito tenía que me llegué a aburrir... Ahora estoy en pareja y tengo un buen marido.

El amigo se quedó mudo y sin saber qué hablar, ¡vaya par de aventureros que se han vuelto a encontrar!



El Vecino y la Viuda

 El Vecino y la Viuda

La encontró en el pasillo, un poco deteriorada; viuda la pobre mujer, estaba como atontada.

Con un trozo de cartón, la trató de abanicar; dándole aire en la cara, se empezó a recuperar.

Una vez recuperada, le dice con sentimiento: —Estoy muy decaída, culpa del confinamiento.

Llevo dos años viuda, sola y abandonada; tres meses sin salir, estoy muy des confitada.

Es mucho el tiempo pasado sin sentir una emoción. —Entra conmigo a casa y me das un apretón.

Como es un buen vecino, tratándose de una viuda, y más de una necesitada, trató de prestarle ayuda.

Al recordar las normas, se vio en un callejón: con distancia de dos metros, ¿cómo dar el apretón?

No lo supo resolver, se retiró avergonzado, con la moral por los suelos, mirando para otro lado.

Allí quedó la mujer, afrontando su destino: ella sin el apretón, él como un mal vecino.

El miedo pudo al deseo, la ley venció a la pasión; se quedó el hombre con ganas, y ella con su frustración.



El Ocaso del Viejo Verde

El Ocaso del Viejo Verde

Una especie en extinción, prácticamente perdida, es la del "viejo verde", casi desaparecida.

Antes se veían varios, muy atentos espiando; al ver pasar una moza, se divertían silbando.

Le lanzaban mil piropos, novedosos o anticuados, de colores diferentes: rojos, verdes y morados.

Ella no les hacía caso y seguía caminando; pensaba que el pobre viejo ya estaba solo chocheando.

Algo que antes era gratis y alegraba la vista, hoy ya no se puede hacer: te llaman viejo machista.

Ahora se ven sentados, con tristeza y desconsuelo, con la boca bien cerrada y la vista puesta en el suelo.

Cuál flor faltas de agua, se van todos marchitando; con garrota y encogidos, su verdor se va agotando.

No queda más que aguantar y armarse de paciencia: el viejo verde termina claudicando en la residencia.

Se acabó aquel viejo verde, de palabra y de osadía; hoy solo queda el silencio de una triste guardería.

El último mensaje

 El último mensaje

Esa tragedia de amor, de la que suele decir: «Si algún día me faltas, preferiría morir».

Llegó la desgracia, del todo inesperada: al cruzar la calle, ella fue atropellada.

Él se siente culpable, pues le estaba hablando; perdió la conciencia mientras iba cruzando.

Su vida es tiniebla buscando una luz; le erige una tumba, estatua y una cruz.

La visita de noche, no puede descansar; se castiga con saña y no para de rezar.

Una noche sombría, de frío y de terror, cree ver a su amada reclamando su amor.

Se vuelve un gigante de fuerza desatada; destroza el sepulcro por unirse a su amada.

Su locura es total, en el caos provocado: la cruz cae en su frente y lo deja acabado.

Es el trágico fin de tanta obsesión: por culpa del móvil y de una conversación.

Yace el amor en el suelo, bajo el peso del olvido; que por mirar una pantalla, dos vidas se han perdido.

El Mozo y la Higuera

El Mozo y la Higuera

Guapo era el mozo, pero torpe de cojones. No capta las indirectas, ni entiende de insinuaciones.

Las chicas siempre le acosan, más no se da por aludido. Muchas dejan de hablarle, ¡es tan poco comunicativo!

Anda siempre a su bola, nadie sabe qué está pensando. En su mundo imaginario, parece que va flotando.

A la sombra de una higuera, una joven descansa un rato. Con una hoja en la mano, se abanica con recato.

Le saluda atentamente, le considera su amigo. Con dulzura le dice: «Quiero que me cojas el higo».

Él, atento y servicial, no entiende la indirecta. Trepa a lo alto del árbol, ¡vaya una heroica gesta!

Cogió un puñado de higos, todos de muy buen ver. Se los ofrece a la joven, para que pueda escoger.

—Esto que tú me ofreces, lo puede hacer cualquiera. Si no entiendes indirectas... ¡Siempre estarás en la higuera!

Se marchó el mozo sonriendo, con su cesta y su ceguera, sin saber que aquel "higo" no nace en ninguna higuera.

El Novio Mecánico


El Novio Mecánico

Tiene un novio mecánico, ella es toda una dama, y él siempre la compara con un coche de alta gama.

"Tienes chasis de lujo que no me deja dormir; si veo algún defecto, te lo tendré que pulir".

"Esos preciosos faros te hacen aún más bella; parecen luces de led brillando bajo la niebla".

"Qué buenos amortiguadores, cómo rebotan al saltar... están un poco altos, te los tengo que ajustar".

"La parte delantera tiene puntos salientes; los cuidaré con mimo y quedarán imponentes".

"Los de la parte trasera están algo abultados; les pasaré la máquina, quedarán niquelados".

Ella le cuenta a su madre, toda llena de emoción: "¡Mi amor me quiere tanto que me hará la reparación!".

"Hija, tú ya eres guapa, esto me parece locura; los mecánicos son caros y pasan alta factura".

"Sobre todo ten cuidado, no sufras un derrape... ¡Que te revise los bajos y te clave el tubo de escape!"

"Así que escucha, mi niña, y que no te gane el celo: ¡que después de tanto arreglo te deje el motor a pelo!"



Bartolo y su Mujer Ideal

 Bartolo y su Mujer Ideal

—Me da mucho gusto verte, mi buen amigo Bartolo. Dime si ya te has casado, o sigues viviendo solo.

—Sigo con la soltería, sin prisas voy buscando. Alguna rosca me como, al menos de vez en cuando.

Ahora para casarse, no hay muy buen ambiente. No encuentro lo que yo quiero, pues ya sabes que soy exigente.

Que sea buena en la cama, que sepa bien cocinar, que sea limpia en la casa, y que le guste planchar.

—Sí que eres exigente, creo que no estás al día. Si tiene esas cualidades, estará comprometida.

—Si no la encuentro de plano, no me voy a molestar. Cada día iré con una, y así puedo hasta cambiar.

No te preocupes por mí, que ya encontraré a esa chica. Alguna despistada habrá, que sea tonta y sea rica.

—¡Dices que tonta y qué rica! Estás chalado, mi amigo. —Es que, si no fuera así... ¡No me querría por marido!

—Si buscas tal maravilla, te vas a quedar plantado, que las tontas y las ricas... ¡Ya tienen el pez pescado!

Memorias de una infancia


 Memorias de una infancia

Un día de mi niñez, la época en que viví, intentando recordarlo... más o menos era así:

—¡Levanta, perezoso! Tienes sopa en la cazuela; lávate un poco la cara y lárgate para la escuela.

Cuidado con los zapatos, que en la calle sobra barro; no vayas pisando charcos, procura no venir guarro.

Sin mochila y sin libros, pues solo tenía uno; con pizarra y pizarrín no hacía falta ninguno.

En la escuela, un revuelto de pobres y tiernas criaturas; con muy pocas atenciones, no existían asignaturas.

En el recreo, a la calle, a tomar un poco el sol, incluida la canción de cantar el Cara al Sol.

No había que hacer deberes, pero sí muchos recados: coger nabos en el huerto, segar hierba por el prado.

A veces ir con las vacas, otras con las ovejas; había que ayudar a los padres... ¡ellos no admitían quejas!

Hoy se llama esclavitud, entonces era enseñanza; yo me sentía muy feliz si lograba llenar la panza.

Aquella vida tan recia me dio el cuero de titán, para que hoy en nuestra mesa nunca nos falte el pan.

El Color del Cristal

 El Color del Cristal

Para unos era la "Morros", para otros la "Moretes"; para unos fue un amor, para otros un juguete.

Para unos era gorda, para otros era fina; para unos fue un amor, para otros medicina.

Para unos era joven, para otros era vieja; para unos fue un amor, para otros fue pelleja.

Para unos era fea, para otra muy deseada; para unos fue un amor, para otros despreciada.

Para unas era guapo, para otras era un muermo; para unas fue un amor, para otras era un sueño.

Para unas era alto, para otras era bajo; para unas fue un amor, para otras un cascajo.

Para unas era pobre, para otro millonario; para unas fue un amor, para soñar a diario.

Para unas divertido, para otras aburrido; para unas fue un amor, que no fuera compartido.

Unos y unas ven lo blanco, otros y otras ven lo negro; al pensar tan diferente, nadie se pone de acuerdo.

Esto de los gustos, es la mar de divertido; menos mal que nunca falta, un roto para un descosido.

Cada cual con su mirada, cada loco con su tema; que en la variedad del gusto, se resuelve cualquier lema

La Rubia del Bar

 La Rubia del Bar

Yo estaba muy fría, a punto de congelarme; me tomaste entre tus manos, empecé a calentarme.

Me llevaste hasta tu boca, dejaste de respirar; rápido querías beberme, no podías esperar.

Te portas como un novato, no me sabes disfrutar; no seas tan impaciente, haz un "preliminar".

Sabes bien que yo soy fría, tú siempre andas caliente; saborea nuestra unión, verás que soy diferente.

Al tenerme entre tus manos, deja ya de "sobar"; soy una rubia muy fiel, que no se va a escapar.

A veces no te controlas, me tomas en demasía; si me subo a tu cabeza, eso no es culpa mía.

Sé que le gusto a todos, desde el rico al mendigo; pero tómame despacio... tras un buen aperitivo.

Disfruta de mi frescura, mi espuma y mi compañía, que aunque me acabe en tu boca... ¡Volveré al siguiente día!

El Comensal Atrevido

 El Comensal Atrevido

Lo invitan a cenar, él está muy encantado; le gusta mucho la carne, pero más el buen pescado.

Es estupenda la suegra, se lo curra con creces, sirviendo para la cena variados entremeses.

Bebe varios vinos, se pone tontorrón; se le sube a la cabeza y pierde ya la razón.

Una mano por encima, la otra bajo la mesa; como busca su pescado, toca a la novia la almeja.

El suegro ve la jugada, nota que es algo marrano: «¡Para comer —le dice—, usa mejor las dos manos!».

Interrumpe la faena, toma el pan con la izquierda; es un queso de primera y jamón de pata negra.

Como está en otro mundo y es un poco despistado, les comenta a los suegros: «¡Qué rico está este pescado!».

«Céntrate en la comida, deja las manos quietas; que ahora vendrá el postre... ¡Y dirás que sabe a setas!».

La novia se pone roja, la cena se va a la mierda, y él se marcha a su casa con jamón de pata negra.-

La Vecina Cotilla

La Vecina Cotilla

Es una viuda cotilla, siempre espiando a las vecinas; mira quién entra y quién sale tras el tul de sus cortinas.

La de arriba está de obra, y ya lleva casi un año. Muchos suben a su piso... ¿Qué coño estará arreglando?

Me hace pensar la Antonia, con su trabajo de noche; gana un mísero sueldo, pero luce un tremendo coche.

¡Por qué gastará tanto gas la vecina del tercero! Yo creo que está liada con el guapo butanero.

La cosita del segundo, como una mosquita muerta; todas las noches un tipo espera a que abra la puerta.

Aquella cuyo marido murió... ¡Tanto llorar en el duelo! Qué pronto se le olvidó: ya sale con un abuelo.

Esa que tanto se arregla y siempre lleva tacones... que lo que piensen de ella le importa tres cojones.

¡Joder con esa mozuela! Si aún no le han salido dientes, y en menos de un solo año ya lleva tres pretendientes.

Ese chuleta con barbas que no encuentra un buen trabajo... seguro que vende droga, le vi sacar un buen fajo.

Esto que estoy narrando es una cosa sencilla: es parte del "critiqueo" de esa vecina cotilla.

Que nunca se morirá, sin peligro de extinción; tiene muy mala leche y muy duro el corazón.

No tiene vida ninguna, su vida es la de los demás; criticando a todo el mundo y no vive nunca en paz.

El pueblo que se nos fue

 El pueblo que se nos fue

¡Cuánto ha cambiado el pueblo! Desde sus caminos de tierra, sus tejados de pizarra, sus casas de barro y piedra.

La cocina, siempre con humo, los chorizos allí colgando, soltando toda la pringue mientras se iban curando.

El campo estaba sembrado, hoy está hecho una mierda: sin burros, vacas ni ovejas, lleno de malas hierbas.

En la era se trillaba, se cuidaba con esmero; si el topo lo destrozaba, se tapaba el agujero.

Los prados hoy están tristes, los manantiales se secaron; ya no quedan saltamontes, los pájaros emigraron.

El cura no dice misa, la gente ya no reza; unos perdieron la fe, a otros les da pereza.

Los bailes en la calle se dejan de celebrar; ya nadie busca un rincón donde poderse arrimar.

Años lleva sin escuela, la cigüeña es la culpable: sin juventud en el pueblo, no trae niños a nadie.

Muy pocos quedan ya vivos que lo sigan recordando: con pan, con vino y tocino, eran los reyes del mambo.

Todo está muy cambiado, pero le falta alegría; esa alegría constante que da la chiquillería.

Se apagan las chimeneas, el silencio es el que manda; solo queda la memoria de aquella vida tan sana.

La Cita Médica

 La Cita Médica

Solicitar una cita puede ser una aventura; enfermar de los nervios hasta coger calentura.

Pedirla por internet sin saber qué va a salir, imposible es adivinar lo que está por ocurrir.

Con solo teclear "citas" se empiezan a acumular cien páginas de adultos que no se pueden quitar.

Allí, dale que te pego, te tiras más de una hora; sale que si necesitas enfermera o doctora.

Tras pensarlo detenidamente, solicitas la doctora; te informa de su tarifa: ¡quinientos euros la hora!

Cambias a la enfermera, una gestión más sencilla, y sale un tipo desnudo mostrando la jeringuilla.

Ya tienes un lío padre y te queda una certeza: que el dolor de la tripa se te subió a la cabeza.

Ante tanto desenfreno piensas que algo va mal: ¡qué mucho que ha cambiado la Seguridad Social!

Al final apagas todo, con un susto de muerte, pues para ver al médico... ¡Hay que tener mucha suerte!


Aquellos Botellones

 

Aquellos Botellones

El botellón en mis tiempos era todo un derroche: se hacía a media tarde, no se salía de noche.

Llegar sereno a casa... Si notaban unos traspiés, podías recibir una torta que te ponía del revés.

Sin recibir una paga, andabas siempre a dos velas; difícil emborracharse sin disponer de una pela.

Sustrayendo alguna perra solo se podía comprar una simple gaseosa, y para ya de contar.

Para diez, una de litro, con una paja chupando; no más de dos chupinazos, los cuales se iban contando.

Las chicas no participaban en aquellas reuniones; eso era impensable ante tales "depravaciones".

Hubo una vez una fiesta que ya se salió del tiesto: gaseosa, vino y galletas... ¡Fue de alto presupuesto!

Ahora es muy diferente, forman un gran revuelo; terminan al día siguiente, todos "pedos" por el suelo.

Para no adquirir vicios, nos decían las abuelas: «Mejor es que pases hambre, que andes siempre a dos velas».

Cambiaron vasos por litros, la tarde por la mañana, ¡quién pillará una gaseosa de aquellas con tanta gana!