Julián se fue a trabajar, dejó sola a la Juliana. La mujer tenía fiebre, por eso quedó en la cama.
Regresó a medio día, la hora de la comida. Se acercó a la habitación, pero seguía dormida.
Llegó la hora de la cena, Juliana seguía en la cama. No la quiso despertar: «Se levantará mañana».
Sigue en la cama Juliana, pone la mano en su frente. «Parece que tiene fiebre, la encuentro muy caliente».
—¡Mujer, levántate de una vez! Que se acaba mi paciencia. Si te encuentras muy mal, llamo al médico de urgencia.
—No te preocupes, cariño, que pronto voy a sanar. Es exceso de trabajo, necesito descansar.
Tú eres buen enfermero, me haces buena comida. Estaré como una rosa, calculo que en quince días.
—Me tienes hasta el gorro y te vas a levantar. Te cogeré los zapatos y te ayudaré a calzar.
Al recoger los zapatos, se lleva un susto el marido: bajo la cama encontró un hombre estaba escondido.
—Tú llevas sin levantarte hace hoy una semana. ¿Me dirás qué hace este tío escondido bajo la cama?
—No te preocupes, marido, es el vecino cotilla. Bajo la cama duerme, ¡encima hace maravillas!
