Dos amigos se encuentran después de años separados. Uno está bastante gordo, el otro, súper delgado.
El flaco pregunta al gordo: —¿Seguro que te has casado? Tu mujer cocina bien, por eso has engordado.
—Estoy soltero y solo, una verdadera pena. La que me alimenta bien es la buena de mi abuela.
Yo le digo «ponme poco», ella dice que estoy flaco, y por más que se lo ruego, ella siempre llena el plato.
Por eso estoy tan gordito y no encuentro la manera; me tendré que ir de casa y abandonar a la abuela.
Ahora cuéntame tú: ¿Por qué estás tan fino? Si eras un buen comilón y te encantaba el tocino.
—La verdad es que me casé. Mi mujer guisa de pena; siempre me quedo con hambre, nunca con la tripa llena.
También estoy haciendo la dieta de la manzana; así ahorro en la comida, por la noche y la mañana.
—¡Qué tontería de dieta! Si estás como un fideo. ¿Será por otro motivo? Ese cuento no lo creo.
—Trabajo de informático... ¡Y me he tenido que comprar equipos de la manzana mordida que ahora no puedo pagar!