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miércoles, 8 de abril de 2026

La mujer del Cabrero



Quedan pocas familias en el pueblo, solo una con dinero, tienen hija casadera y la ofrecen al cabrero.

 La chica es cojonuda, una mujer de primera, pero él le pone un fallo: tiene poca delantera.

En su trabajo diario, acostumbrado al ordeño, el tamaño de esos pechos le resulta muy pequeño.

El padre, ante tal pega, rápido la soluciona: le paga una operación... ¡seis kilos de silicona!

Ante tal delantera el cabrero está flipado; son los pechos más grandes que jamás había soñado. 

No se puede resistir ante cosa tan hermosa; no lo duda ni un segundo: la acepta por esposa.

En la noche de bodas él la quiere ya ordeñar; lleva el cántaro a la cama por si lo puede llenar. 

Como casó sin amor, solo pensando en las tetas, al ver que no daban leche... ¡la manda a hacer puñetas!

Del pueblo viene a Madrid, eso es dar un gran brinco, pues con tales atributos la fichan en Telecinco. 

Aquí la tienen triunfando, ganando mucho dinero; no hace falta que dé leche... ¡y que se joda el cabrero!

Un Esparrago en la Playa


 De tanto tomar el sol, luce un moreno encendido, pero le queda muy blanco lo que se guarda escondido.

Es un chico presumido que, por tirarse un farol, se entierra bajo la arena y saca su "dote" al sol.

Dos abuelas que pasean se quedan impresionadas: jamás vieron en su vida espárragos en la playa.

—Yo diría que es pepino que ha sido modificado; con esto de los transgénicos está todo muy cambiado.

—Un pepino tiene mata, no entiendes nada de campo; al brotar de esa manera, ¡es un espárrago blanco!

—Es pieza de campeonato, trataré de arrancarlo; no vi nunca uno tan gordo, no pienso desperdiciarlo.

—Aquí en mitad de la arena te verán todos hurgando; a una mujer de tu edad se quedarán observando.

No te preocupes por eso, ya lo tengo calculado; me pongo una bata larga, asunto solucionado.

Me siento cómoda encima y con mucho disimulo. Lo arranco lentamente y me lo escondo en el culo.

Se acercó disimulando. Con mucha delicadeza, a pesar de que se movía, no logra arrancar la pieza.

Sudando, se levanta sin haberlo cosechado; el espárrago ha quedado todo mustio y arrugado.

—Te lo dije, compañera, que no era tarea sencilla. —Mañana lo arrancaré... ¡Hoy me llevo la semilla!

Oda a la cremallera


 Esa generación del cuarenta, en la que vemos tantos avances. Hoy les hablaré de uno que nos produjo percances.

Los pantalones antiguos todos tenían botones. Sale otra novedad que nos toca los cojones.

La sencilla cremallera, al no estar acostumbrados, que al subirla con prisas a muchos dejó capados.

No cerrar un botón se notaba muy poquito; en verano venía bien, refrescaba al pajarito.

En invierno era difícil, casi nunca se olvidaba. Si no se cerraba bien, el pájaro se resfriaba.

Le ponen la cremallera, nos surge el gran problema: te podías pillar un huevo hasta romperte la yema.

Si salías a la calle con la cremallera bajada, ese clamoroso fallo la mujer lo detectaba.

Te ponías colorado al contemplar su sonrisa. Subías la cremallera rápida, con mucha prisa.

Te pillabas un huevo soltando un gran alarido. Oías decir a la gente: «¡Ese va pedo perdido!».

Los jóvenes de ahora, con sus modas tan extrañas, no conocen el peligro de estas feroces hazañas. 

Prefiero mil veces un ojal, aunque sea más tardío, que andar con la cremallera jugándome el poderío.

De esa generación pocos están tatuados. Nos llegaba con tener los pinreles señalados.

Una sola Raza


 La humanidad del presente, camina hacia la hecatombe: el hombre quiere ser mujer, la mujer envidia al hombre.

Se desdibuja la familia, todos claman sus derechos; caminamos malhumorados, cabreados y maltrechos.

Los hijos exigen más, por eso se tienen menos; parece ser la respuesta a este lío en que nos vemos.

Mujeres, todas lesbianas; hombres, ya no sexuales; con unos pequeños cambios, terminaremos iguales.

Al ser todos tan idénticos, ¿qué se consigue con eso? Que se acaben las traiciones y los dilemas del sexo.

Serán hijos de probeta la generación futura; que compre niño o niña quien prefiera tal criatura.

Pensando en ese mañana, el panorama es vibrante: todos convertidos en ciborgs, ¡un futuro impresionante!

Los casorios se terminan, se acaba el drama del divorcio; se vivirá de otra forma: una especie de consorcio.

El maltrato de género, esa lacra tan odiada, al ser todos ya lo mismo, será una cosa olvidada.

La naturaleza es sabia y así nos extinguiremos; es la herencia del futuro... que nosotros no veremos.