Quedan pocas familias en el pueblo, solo una con dinero, tienen hija casadera y la ofrecen al cabrero.
La chica es cojonuda, una mujer de primera, pero él le pone un fallo: tiene poca delantera.
En su trabajo diario, acostumbrado al ordeño, el tamaño de esos pechos le resulta muy pequeño.
El padre, ante tal pega, rápido la soluciona: le paga una operación... ¡seis kilos de silicona!
Ante tal delantera el cabrero está flipado; son los pechos más grandes que jamás había soñado.
No se puede resistir ante cosa tan hermosa; no lo duda ni un segundo: la acepta por esposa.
En la noche de bodas él la quiere ya ordeñar; lleva el cántaro a la cama por si lo puede llenar.
Como casó sin amor, solo pensando en las tetas, al ver que no daban leche... ¡la manda a hacer puñetas!
Del pueblo viene a Madrid, eso es dar un gran brinco, pues con tales atributos la fichan en Telecinco.
Aquí la tienen triunfando, ganando mucho dinero; no hace falta que dé leche... ¡y que se joda el cabrero!



