La humanidad del presente, camina hacia la hecatombe: el hombre quiere ser mujer, la mujer envidia al hombre.
Se desdibuja la familia, todos claman sus derechos; caminamos malhumorados, cabreados y maltrechos.
Los hijos exigen más, por eso se tienen menos; parece ser la respuesta a este lío en que nos vemos.
Mujeres, todas lesbianas; hombres, ya no sexuales; con unos pequeños cambios, terminaremos iguales.
Al ser todos tan idénticos, ¿qué se consigue con eso? Que se acaben las traiciones y los dilemas del sexo.
Serán hijos de probeta la generación futura; que compre niño o niña quien prefiera tal criatura.
Pensando en ese mañana, el panorama es vibrante: todos convertidos en cíborgs, ¡un futuro impresionante!
Los casorios se terminan, se acaba el drama del divorcio; se vivirá de otra forma: una especie de consorcio.
El maltrato de género, esa lacra tan odiada, al ser todos ya lo mismo, será una cosa olvidada.
La naturaleza es sabia y así nos extinguiremos; es la herencia del futuro... que nosotros no veremos.

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