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lunes, 5 de enero de 2026

La abuela "chocolate"


 La abuela pasó mucha hambre, le encantan las golosinas, y siempre anda rebuscando por armarios y cocinas.

Su nuera, que es estreñida, no podía ir al váter, y se compró un buen laxante con forma de chocolate.

La abuela se encontró un día con aquellas maravillas: —¡Pero esto es una delicia, mejor que tomar pastillas!—

Con ansia se las comió por miedo a que la pillaran, sin saber que en pocas horas las tripas le reclamaran.

Nada dijo a la familia, salió la abuela corriendo; era ya demasiado tarde y estaba casi anocheciendo.

Nadie en casa se alarma, la abuela es fuerte y es dura; a veces desaparece en busca de alguna aventura.

Pues cerca vive un viudo al que llaman "Ojo Tuerto", y ella a veces se le acerca para que le riegue el huerto.

Al regresar, tiene mal aspecto, y todos pronto le preguntan: —¿Qué tal te fue con el Tuerto? ¿Por qué traes esa cara de susto?—

—Mejor me hubiera sentado una noche con el Tuerto; esta la pasé yo sola... ¡abonando todo el huerto!—



La abuela en el sex shop


 

La abuela en el sex shop

La abuela en el sex shop, nerviosa y preocupada; el dependiente la mira, no entiende nada de nada.

Se acerca con paso lento y no para de temblar; el joven le pregunta: —"¿Qué necesita comprar?"

—"Sáqueme usted una crema, que sea de las mejores, que me suavice la piel y me calme los picores".

—"Además de la pomada que me quite los picores, yo quería preguntarle: ¿aquí venden vibradores?"

—"¡Por supuesto, mi señora! se los traigo ahora mismo; este es el mejor local en temas de erotismo".

—"Verá... ya tengo uno bueno que me regaló el abuelo; como él ya no funciona, es mi pequeño consuelo".

—"Mas no logra recordar el lugar de adquisición; ¡se le fundieron los plomos al abuelo picarón!"

—"Usted, que es tan amable... ¿me podría informar? ¡Que el bicho entró en la almeja y no lo puedo parar!"

El joven, muy asustado, no sabía dónde mirar, mientras los estantes viejos no paraban de vibrar.

—"¡Traiga un mando a distancia o corte la luz del barrio, que me va a saltar la placa y hasta el último rosario!"

El chico, muerto de risa, le dio un consejo de experto: —"Abuela, si eso no para... ¡disfrute del desconcierto!"

Y así se marchó la anciana, brincando por la vereda, gritando: —"¡Que me quiten lo bailao'... mientras la pila me queda!"


¿Qué te pa

El juicio del abuelo.


El juicio del abuelo

En un juicio muy extraño, un abuelo es acusado por una mujer madura de haberla... "perjudicado".

Él ya pasa de los ochenta, ella ronda los cuarenta; ella pesa más de cien... ¡él no llega ni a cincuenta!

El abuelo se defiende: —¡Señoría, ella me ha provocado! Me pegó tal empujón que me dejó "espachurrado".

Es un tierno ancianito, nadie le conoce un vicio; tiene los bolsillos secos y un abogado de oficio.

Para probar la inocencia ante tales acusaciones, el juez ordena al letrado: —¡Bájele los pantalones!

Al bajar los pantalones, ven, como dos huevos fritos, cuatro pelos mal contados y un amago de pichito.

Empeñado en la defensa, se entusiasma el abogado; empezó a darle masajes... ¡y lo dejó casi estirado!

No respira ya el abuelo y se está palideciendo, que la cosa se calienta y termina así diciendo:

—¡No me estires más el pito! ¡Déjalo como al inicio! Que como se mueva el "bicho"... ¡aquí perdemos el juicio!


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