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sábado, 3 de enero de 2026

Promesa a la suegra.

 



Promesa a la  suegra.

El día que se casó, él quería quedar bien; prometió a su suegra llevarla a Jerusalén.

Ella, que es muy devota, no deja de pensar: «Este es el mejor yerno que me podía tocar».

Pasan días, pasan años, la promesa no es cumplida. La suegra le recuerda: —Ya me tienes aburrida.

—Querida y amada suegra, faltan muy pocos días; solo estoy esperando que toque la lotería.

Como si fuera un milagro, la lotería le tocó; se quedó sin argumentos, el plazo se terminó.

No tiene escapatoria ante tal situación; le comunica a la suegra: —Nos vamos en avión.

Visitar Lugares Santos le causa tal emoción, que la mujer queda tiesa de un ataque al corazón.

No quiere enterrarla allí, sabe muy bien lo que pasa; aunque le cuesta una pasta, decide traerla a casa.

La familia le comenta: —Has pecado de novato; haberla enterrado allí te salía más barato.

—Sois unos pobres diablos, solo pensáis tonterías. ¡Uno que murió allí resucitó a los tres días!

No quería correr riesgos, me tenía que asegurar; conociendo a mi suegra... ¡ podía volver a pasar!

Abuelo enamorado.


 El abuelo se enamora de una mujer desconfiada, que cree que a los sesenta se quedará embarazada.

—Yo quiero hacer el amor, pero con precauciones. Acércate a la farmacia, compra unos condones.

—Yo soy muy católica, creo en los milagros; me siento todavía joven y puede pasarme algo.

—Sí que sería un milagro, y para el clan un desastre; aunque los dos, la verdad, estemos para el arrastre.

—Eso te pasará a ti, yo estoy como una rosa. Seguro que tienes miedo de que no te rule la "cosa".

El hombre, a regañadientes, camina hacia la farmacia; pedir eso a su edad no le hace ninguna gracia.

Le dice la farmacéutica: —¿Cómo los quiere el señor? Los hay de varios colores y de diferente sabor.

El pobre queda asombrado ante tanta novedad; los sabores y colores le causan perplejidad.

—Rojos si está enamorado, —le dice con soltura—, o lléveselos morados si es solo una aventura.

—Los prefiero más discretos, de muy suaves colores. Pero entremos en el tema: ¿cómo son esos sabores?

—Los que más se venden hoy son menta con chocolate, y el que lo está petando: ¡fabada con aguacate!

—Olvidemos los sabores, ella no los va a chupar, que la dentadura postiza le cubre todo el paladar.

Tras mucho reflexionar ante tantas maravillas, le dice a la farmacéutica: —¡Los prefiero con varillas!


Cambios principales realizados:

El abuelo Mariano.


El abuelo Mariano.
 Esto le pasó a Mariano por levantarse temprano; para darse un paseo, con su bastón en la mano.

Con sus ochenta cumplidos, tenía que hacer ejercicio. Para él, dar un paseo se convirtió en un vicio.

Esta vez se alejó mucho hacia un campo muy florido. Se enredó con unas hierbas, cayó al suelo malherido.

Con un tobillo torcido trató de pedir ayuda. Era demasiado temprano: la ha liado cojonuda.

Con esfuerzo sobrehumano se consigue levantar; una vez que está de pie, le dan ganas de mear.

Solo le faltaba eso, está hasta los cojones. Para mear mucho mejor, se baja los pantalones.

Hay un bulto entre las hierbas y no se fija primero; apunta el pito hacia el bulto, ¡mea sobre un avispero!

Rápido es atacado por cientos de aguijones; todo se empieza a hinchar, no cabe en los pantalones.

Vuelve con esfuerzo a casa enseñando cebolleta. Nadie le presta ayuda: ¡creen que es de otro planeta!

Cuando lo ve la María, se queda medio aturdida, pero le dice: «¡Mariano, vente a la cama enseguida!».

Abuelo muy ligón.


 Abuelo ligón

Nacho: —¡Mira por dónde va el abuelo! y tú ni cuenta te das. Va con una tía maciza... ¿me la quieres presentar?

Amigo: —¿Para qué quieres conocerla, si eres un poco locuelo? Entérate de una vez: ¡que es la novia del abuelo!

Nacho: —No me vas a convencer, creo que estás vacilando. Esa piba es un bombón y él tiene noventa años.

Amigo: —A ver si te enteras, tronco, el abuelo es un ligón. Aunque le falten los dientes, puede chupar un bombón.

Nacho: —Seguro que la ligó para quitarse el estrés, y eso del "chupeteo"... ¡puede que sea al revés!

Al mirarla desde lejos, no parece ser muy lista. Será una aprovechada... o anda muy mal de la vista.

Amigo: —Ella ve a la perfección y es una tía muy lista: profesora en un colegio y, además, es catequista.

Nacho: —No me digas que esa tía, además de ser un bombón, le da clases al abuelo de Primera Comunión.

Amigo: —Eres un payaso, tío... Esa tía, un monumento, está enseñando al abuelo a cambiar el testamento.

Que se olvide del antiguo por estar muy desfasado, y que firme uno nuevo... ¡mucho más actualizado!


Una maravillosa suegra.




Una maravillosa suegra.

 En la sociedad se suele hablar mal de la suegra, pero este yerno la quiere y con ella se alegra.

Es una suegra genial, otras son unos bichos; ella lo cuida constante cumpliendo sus caprichos.

Le prepara la comida, le organiza la cena; es una gran cocinera, ¡su sazón es cosa buena!

Le plancha siempre la ropa, le deja limpio el piso; es como un ángel bueno caído del paraíso.

Sus croquetas son gloria, más ricas que un bombón, con ingredientes selectos y abundancia de jamón.

¡Y qué decir de la tortilla! Es para chuparse los dedos, con cebolla y con pimientos, y media docena de huevos.

Ronda por la cincuentena, está muy bien conservada, con buen tipo, sin arrugas y con la carne apretada.

Su hija es muy diferente, de otra generación: ni cocina, ni limpia, ni cose ni un botón.

Lo despertó su mujer cuando estaba soñando, que a la hermosa suegra ya se la estaba aliñando.

No tuvo más remedio que seguir con la juerga: cumplir con la mujer... ¡pero pensando en la suegra!


Dos abuelos en forma


 

Dos abuelos cachondos

Dos abuelos muy cachondos hoy rebosan alegría, pues celebran el cumpleaños los dos en el mismo día.

Reviven su juventud solos, sin sus mujeres, bebiendo buenos licores en busca de mil placeres.

Se pasan con la bebida, ya perdieron la costumbre, y están los dos más calientes que un cocido ante la lumbre.

En la casa del placer se ponen muy exigentes: quieren dos sin estrenar, con curvas y muy calientes.

La madame está apurada ante este plan tan extraño; les pide un dinero extra para evitarles el daño.

Al ver que los dos ancianos están en un plan lamentable, les soluciona el capricho con dos muñecas hinchables.

—Son dos chicas fantásticas, están aún sin estrenar; trátenlas con mucho afecto, les da vergüenza hablar.

—Me costó mucho encontrarlas, son casi como ahijadas. Los esperan desnuditas con las luces apagadas.

Estaban emocionados viviendo tal aventura, que no les dio casi tiempo a bajar la calentura.

Ya de camino a su casa cada cual cuenta su historia: si era vieja o era joven, o si alcanzó allí la gloria.

—La mía tenía la carne entre blandita y muy dura; creo que era muy jovencita, no tenía ni una arruga.

—Guapa como una muñeca, estaba de lo mejor; no dijo nada en el acto, ¡era muda, por favor!

—La mía estaba muy buena, también muda, me asegura; estaba al revés esperando y aproveché la postura.

—Le agarré bien las dos tetas, me puse como un mulo; fue una ocasión especial de aprovechar aquel culo.

—Para mí que era una bruja, pues la enchufé con tal gana, que soltó un pedo de trueno ¡y escapó por la ventana!

No asimilo qué pasó, no entiendo nada de nada: tengo el cuerpo magullado y la pilila destrozad

La protección del abuelo.


 


Abuelo protector.

El joven va por el campo en su paseo diario, admirando el paisaje en su fiel utilitario.

Es una mañana hermosa, nada importa en su destino, pero debe detenerse: hay piedras en el camino.

Tras un gran matorral aparece de pronto un abuelo; con pistola en mano apunta, y el joven cae al suelo.

—Te asustaste solo al verme, tienes pocos pantalones. Levántate ahora mismo, y bájate los calzones.

Él está desarmado, no le queda sino obedecer. Asustado le pregunta: —¿Qué es lo que tengo que hacer?

—Lo que te voy a pedir es una cosa sencilla: que agarres la piruleta y me hagas una pajilla.

Terminada la tarea, el pene apunta hacia el cielo. —¡Sigue con la segunda!— le ordena firme el abuelo.

No le queda más remedio, está solo allí en el monte; terminada la faena, mira el pene al horizonte.

Tiene que hacer la tercera por mandato del abuelo; esta vez, al terminar, el aparato mira al suelo.

Pega un tiro al aire el viejo, ¡qué cabrón es ese abuelo! Como por arte de magia, aparece una modelo.

—Es mi sobrina querida, que se había despistado; se perdió dando un paseo, ¡al fin la hemos encontrado!

—Seguiré con mi camino, pues me quiero relajar. Tú la llevarás a casa... ¡y la vas a respetar!


Treinteañera deseperada.


Soledad.la solterona.

 Una mujer desesperada entra a la iglesia a rezar, pues ya cumplió los treinta y está sin estrenar.

Rezó un año a San Antonio, ni un rosco se ha comido; cambió pronto de táctica invocando a Cupido.

Ni puñetero caso le hace, ella no se da cuenta: él prefiere juventud y olvida a las de treinta.

Rogó a toda figura que habita en el retablo; al ver que nadie escucha, ¡decidió hablar al Diablo!

Pero nada consigue, y ve que se equivoca; a un ser tan maligno rezar no le provoca.

Se acuerda de su padre, le llama hasta "cabrito", cuando el Maligno aparece y le dice a voz en grito:

—¡¿Qué coño quieres de mí?! ¡Me tienes hasta los cuernos! Que tengo mucho trabajo dirigiendo los infiernos.

—Te entregaría mi alma, te entregaría mi cuerpo; necesito con urgencia que disfruten de mi cuerpo.

—Veo que estás desesperada, vas a dejar de sufrir; te daré tanto calor que te vas a fundir.

Tuvieron muchas sesiones en verano y en invierno; ella ya nunca rezaba, él olvidó el infierno.

Un día le dijo al Diablo: —No soy una zorruna; te busqué por las facturas, no soy una facilona.

—Ni yo soy ese Diablo de tus quejas diarias... ¡Soy el cura del pueblo, que se vistió de demonio al oír tus plegariasLa mujer se quedó muda, con la boca bien abierta, al ver que el "Príncipe Oscuro" era el cura de la oferta.

Se ajustó la negra sotana el párroco pecador: —"Perdone usted, hija mía, lo hice por puro amor".

  1. Ella, que no era tonta, le respondió con malicia: —"Si el hábito hace al monje, el rabo hace la caricia".

    "Si Dios todo lo perdona, y el Diablo ya no me espanta, sigamos con las sesiones... ¡que me gusta su fe santa!"

    Y así pasaron los años, entre el rezo y el pecado, ella nunca estuvo sola, ni él volvió a estar amargado.

    Ya no invocaba a Cupido, ni al Diablo, ni al retablo, pues descubrió que en la iglesia... ¡se esconde mejor el diablo!



El muchacho y el "sesenta y nueve"


 

El muchacho y el "sesenta y nueve"

Era un muchacho atrasado de una aldea muy perdida, que marchó a la capital para mejorar su vida.

Trabajó en lo que pudo, sin recibir ni un beso; su sueño era ahorrar dinero y poder probar el sexo.

Neófito en la materia, nunca lo había probado; estar con una mujer lo tenía obsesionado.

Sin ninguna información y con muy poco dinero, pensó que sería barato meter vela en candelero.

Ahorró tan solo cincuenta, creyó que le bastaría para mojar el "churrito" en el pozo de una tía.

Pero no llega la pasta, no puede mojar el nabo: la que cobra más barato pide más de cien "pavos".

Se pone el pobre a llorar, le sale moco de pavo; pregunta qué puede hacer con sus míseros esclavos (50 pavos).

—Es muy poco, muchachito, no te llega para nada. Te haré el sesenta y nueve o una simple "mamada".

—Elijo el sesenta y nueve, que no sé qué coño es. Si me quedo satisfecho, ya te lo diré después.

La mujer era un "callo", no era la chica soñada; al verla allí, desnudita, tenía la panza hinchada.

Ella se puso por lo alto en extraña situación, y empezó a soltar "cuescos" que nubló la habitación.

—Si con solo tirar diez ya me tienes mareado... ¡faltan cincuenta y nueve! Moriré aquí asfixiado.

El pobre volvió a su pueblo, ahora odia la ciudad: donde esté la naturaleza... ¡hay pedos con calidad!