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sábado, 3 de enero de 2026

Dos abuelos en forma


 

Dos abuelos cachondos

Dos abuelos muy cachondos hoy rebosan alegría, pues celebran el cumpleaños los dos en el mismo día.

Reviven su juventud solos, sin sus mujeres, bebiendo buenos licores en busca de mil placeres.

Se pasan con la bebida, ya perdieron la costumbre, y están los dos más calientes que un cocido ante la lumbre.

En la casa del placer se ponen muy exigentes: quieren dos sin estrenar, con curvas y muy calientes.

La madame está apurada ante este plan tan extraño; les pide un dinero extra para evitarles el daño.

Al ver que los dos ancianos están en un plan lamentable, les soluciona el capricho con dos muñecas hinchables.

—Son dos chicas fantásticas, están aún sin estrenar; trátenlas con mucho afecto, les da vergüenza hablar.

—Me costó mucho encontrarlas, son casi como ahijadas. Los esperan desnuditas con las luces apagadas.

Estaban emocionados viviendo tal aventura, que no les dio casi tiempo a bajar la calentura.

Ya de camino a su casa cada cual cuenta su historia: si era vieja o era joven, o si alcanzó allí la gloria.

—La mía tenía la carne entre blandita y muy dura; creo que era muy jovencita, no tenía ni una arruga.

—Guapa como una muñeca, estaba de lo mejor; no dijo nada en el acto, ¡era muda, por favor!

—La mía estaba muy buena, también muda, me asegura; estaba al revés esperando y aproveché la postura.

—Le agarré bien las dos tetas, me puse como un mulo; fue una ocasión especial de aprovechar aquel culo.

—Para mí que era una bruja, pues la enchufé con tal gana, que soltó un pedo de trueno ¡y escapó por la ventana!

No asimilo qué pasó, no entiendo nada de nada: tengo el cuerpo magullado y la pilila destrozad

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