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jueves, 8 de enero de 2026

La raspa del bacalao.

 

El marido pregunta: —¿Dónde se metió Teresa? Ya es la hora de comer y no se sienta a la mesa.

—Tú sabes que suspendió y es mala para estudiar; la está ayudando el vecino para que pueda aprobar.

—¿Encerrados en el cuarto? ¿Y con la luz apagada? Es el escenario ideal para hacer una guarrada.

—Llámalos rápidamente, que venga ese "ayudante"; los vigilaré de cerca, quiero tenerlos delante.

—Eres un desconfiado, deja ya de sospechar. Hoy comemos bacalao... te puedes atragantar.

—Él es un chico estupendo, me lo dice la vecina; saca sobresaliente en la rama de Medicina.

El padre se pone a comer, bastante malhumorado; al poco se está ahogando con la espina del pescado.

El muchacho reacciona al verle ponerse morado: le mete los dedos en la boca y saca el resto del bacalao.

—Te acaba de salvar la vida el hijo de la vecina; deberías darle las gracias por estudiar Medicina.

—Me acaba de confirmar algo que ya me temía: ¡ha estado practicando con la Ginecología!



Follón inesperado.

 

Tiene un amigo que es gay, un tipo rudo y muy macho, que anda siempre desesperado por ver si "pilla algún cacho".

El amigo le convida a una manifestación, pero le advierte enseguida: «¡Puede haber un buen follón!».

Ni corto ni perezoso se lanza a la agitación; va en la fila delantera con un enorme cartelón.

EL CARTELÓN: "Orgullosos de ser gais, queremos el amor libre, operación financiada y también el cubalibre".

Chocan con un grupo opuesto de distinta ideología; comienzan pronto los gritos, se arma la algarabía.

Unos les llaman cabritos, otros les gritan cabrones; vuelan insultos de clase y estallan ya los follones.

Es una lluvia de objetos que caen desde el cielo; hay puñetazos, patadas y hasta tirones de pelo.

Él pudo salir huyendo, pues se cree muy listo; pero no salió bien parado: ¡lo dejaron como un Cristo!

Al poco encuentra al amigo y le grita: «¡Maricón! ¿Por qué no me explicaste lo que era un buen follón?».

—«Te avisé de antemano, eres tonto o ignorante; si no te gusta el jaleo, ¡haberlo pensado antes!».

—«Perdóname por lo dicho, tienes toda la razón; yo creí que era "follar mucho" cuando hablabas de "follón"».


C

El Viajero y el Matorral

 


El Viajero y el Matorral

El hombre va de viaje, sus faros casi no alumbran. Se cruza con otro coche y las luces lo deslumbran.

Baja la velocidad, el susto le entra en el cuerpo. Teme a la chica de la curva o encontrarse con un muerto.

La noche es tenebrosa, avanza sugestionado. Pega un frenazo de golpe al ver a un hombre tumbado.

En medio de la calzada, al comprobar su estado, es el muerto que temía: alguien ya lo ha atropellado.

Por no tocar al difunto, se sale de la carretera. Conduce a través del campo como en una gran carrera.

No mira por dónde va, cruza bosque y matorrales, toda clase de maleza y pinchos de los zarzales.

Cuando cree estar a salvo, tras mil sustos de perfil, regresa a la carretera... ¡Lo para la Guardia Civil!

—¡No fui yo quien lo mató! ¡No me culpen del delito! Cuando vi a aquel pobre hombre, ya estaba más que frito.

—De ese no te culpamos, ni por él tienes delito. Pero hay un segundo muerto al que tú sí has dejado frito.

Es de esos atropellos que parecen irreales: ¡Mataste al que estaba cagando en medio los matorrales!

Los ojos Cerrados del Bebé


 —Cariño, dime qué piensas, estoy muy preocupado: el niño tiene tres meses y los ojos muy cerrados.

—No te preocupes por eso, le llevé donde el doctor; le hizo una revisión y de la vista está mejor.

Cuando te fuiste de viaje los abrió para espiar, no le gustó nada el mundo y los volvió a cerrar.

—Mucha culpa tienes tú, el pobre vive asustado por ese monstruo de felpa que tú le has regalado.

—Lo que acabas de decir yo no me lo puedo creer, pues los niños de hoy en día feos los quieren tener.

—Eso serán otros niños, al nuestro no le convence; él se lo pasa de miedo rompiendo todos sus chupetes.

No se queda convencido, le sigue dando mil vueltas, y mientras ella trabaja busca al doctor otras respuestas.

«Que no abra los ojitos no es algo que deba temer. Dígame dónde trabaja y qué hace su mujer».

—En una tienda de chinos con una larga jornada, trabaja de sol a sol y siempre acaba cansada.

—El niño verá muy bien, aunque los tenga rasgados... ¡Eres tú el que no ve! ¡Tienes los ojos cerrados!


El Peor Remedio



 —Mucho tiempo sin verte, Juan. Me alegro un montón. Ya me contarás cómo te va en la nueva urbanización.

—Allí soy de los primeros y está sin finalizar. Faltan muchos servicios para poder opinar.

Despacito va la cosa para poder terminar: el portal está sin luz, la calle sin asfaltar.

Cada día surge un problema que no estás esperando: al llegar al portal, ¡estaba un tío cagando!

Otro día, una pareja que lo hace sin complejos: unas noches "dando caña", otras "pelando el conejo".

—Esos no son graves problemas, los puedes solucionar: pon unas luces potentes que iluminen el portal.

Al estar iluminado, sin dudarlo, te aseguro que se irán a otro portal donde nadie les vea el culo.

—Gracias por el consejo, le pondré hasta diez luces, un letrero iluminado y un Cristo con tres cruces.

Cuando se vuelven a ver al cabo de poco tiempo, el amigo le pregunta si funcionó el invento.

—Ahora es un portal famoso, lo hacen todo a la vista: van un montón a cagar... ¡Mientras!
leen la revista!


Ca

Entrevista al pastor


Un día llegó al pueblo un periodista aficionado. Entrevistó al pastor y le dejó acojonado.

La primera pregunta fue: —¿Cómo pasa usted la vida? —Cuidando de mis ovejas todas las horas del día.

—Además de las ovejas, tendrá otras cosas que hacer. —Limpieza y cosas de casa, porque no tengo mujer.

Mi casa es toda de barro, poco tengo que limpiar. Tan solo una vez al año la tengo que encalar.

La comida no es problema, lo tengo muy controlado. La compro precocinada en el mismo supermercado.

En cuanto al tema de ropa, eso lo tengo chupado. La llevo a la lavandería, ¡asunto solucionado!

—¿Fue alguna vez con mujeres? —Muchas, no te quiero mentir. Cuando voy a la cama, las cuento para dormir.

—Es una cosa increíble, alucinado me deja. ¡La gente para dormir se pone a contar ovejas!

—Eres un tonto, muchacho, creo que no estás al día. Si yo cuento las ovejas... ¡Nunca me dormiría!


Ese primer amor

 Ese primer amor


 Ese primer amor Ese primer amor, nunca será olvidado. Por muchos años que pasen, siempre será recordado.

Eso me pasa a mí, que lo sigo recordando; con nostalgia y con pesar, al menos de vez en cuando.

Me levantaba atontado de tanto y tanto pensar. Me perdía el desayuno y me iba a trabajar.

Llegaba el mediodía, la hora de la comida; seguía pensando en ella y también me la perdía.

A la hora de la merienda, me ponía a meditar; seguía pensando en ella y me quedaba sin merendar.

Llegaba la hora de cena y no dejaba de pensar; en ese primer amor... y me acostaba sin cenar.

Estando ya en la cama, las tripas me daban calambres. No me podía dormir, por estar muerto de hambre.

Ante tanto sufrimiento, me estaba quedando tieso; sin recibir un abrazo, y mucho menos un beso.

Yo estaba lejos de ella, me llamó desesperada: —"Si puedes, ven a verme, que tengo la tripa hinchada".

Ella, al verme, me abrazó y se mostró cariñosa. Yo pensé: "esto es muy raro, cómo ha cambiado la cosa".

Yo quise aprovechar, ella dijo: "no te pases, que tengo la tripa hinchada y se me escapan los gases".

Sin comerme una rosca, yo le di la solución: —"Tírate unos buenos pedos y te bajará la hinchazón".

Al estar ya separados, mejoró la situación. Como por arte de magia, se le bajó la hinchazón.

¿Cómo bajó su tripa? Eso yo nunca lo vi. Pero con la tripa plana, no quiso saber de mí.

No seáis malpensados, sé lo que estáis pensando. Yo sigo pensando en ella... al menos de vez en cuando.


C

Cuestión de peso

 

Cuestión de peso


A la buena de María se le ha muerto el marido. Era un gran hombre... ¡Con sus ciento treinta kilos!

Todos le dan el pésame, los hombres con sentimiento, usando la típica frase: «Te acompaño en el sentimiento».

Qué diferencia en las mujeres, con la frase menos usada: «Él ya estará en el cielo, tú vivirás descansada».

Como pidió ser incinerado, surge un problema gigante: no hay cajas de su tamaño, hay que encargar una grande.

Ante tanto contratiempo, no lo puede soportar; se derrumba la pobre mujer y se pone a llorar.

Los de la incineradora, al ver tanto desconsuelo, le dan una solución: «¿Lo incineramos "a pelo"?».

La viuda hace un gesto, dice que sí con la cabeza: «Y si no cabe en el horno... ¡Que lo hagan pieza a pieza!».

Al recibir las cenizas, contiene sus emociones: son tan pocas que caben en una caja de bombones.

«¿De un marido tan grande solo me devuelven esto? No me lo puedo creer... ¿Qué hicieron con el resto?».

«Es la esencia de su esposo, controle sus emociones; la grasa nos la quedamos... ¡Para producir jabones!».


Justicia Robótica

  

Justicia Robótica 

Estamos viviendo un ciclo que nos supera cada día; está progresando mucho la robótica y la IA.

Juan se compró un robot, quería estar al día: un robot inteligente que detecta la mentira.

Si detecta una mentira, rápido suelta la mano y te pega un tortazo más fuerte que un ser humano.

Tiene un hijo de quince años, en esa edad tontorrona; rápido prueba el robot para ver cómo funciona.

—Hijo, llegas demasiado tarde, me dirás dónde has estado. —En la casa de mi amigo, corrigiendo un dictado.

El robot, sin decir nada, reacciona de inmediato: rápido levanta la mano y le suelta un buen sopapo.

Asustado, el muchacho está rojo del bochorno: —Esta vez no mentiré, estuvimos viendo porno.

—¡Eres un pervertido por eso que estás viendo! Yo, cuando tenía tu edad, me entretenía leyendo.

El robot, al oír eso, parece algo cabreado: le propina un tortazo que lo deja bien sentado.

La mujer, que está presente, no se puede contener; suelta la típica frase: —¡Hijo tuyo, tenía que ser!

El robot se acerca a ella y, sin mirarle a la cara, le suelta una castaña que la deja bien sentada.

Yo no quiero un robot, aunque sea regalado; mejor seguiré de pie, por si me deja sentado.

Pero le pondría un robot a los miembros del Gobierno, que les soltara dos leches cada vez que estén mintiendo.


Los primeros besos


Los primeros besos

Amor, todavía recuerdo los besos que te daba en los rincones. Yo me relamía los labios como quien come bombones.

En la época de novios todos eran muy dulzones. Me decías: "¡Qué bien besas! ¡Hay que ver cómo me pones!".

Después de que nos casamos nos amamos con cariño, pero perdieron dulzura al llegar el primer niño.

Cuando llegó ya el segundo casi no sabían a nada; eran como beber agua un poquito azucarada.

Siguieron así los besos... ellos se fueron de casa. Ahora no saben a nada: ¿Dime, qué leches te pasa?

—Marido, tú no te enteras, ¿esa pregunta a qué vino? ¿No sabes que las mujeres mejoramos como el vino?

—¡Tonta comparación! ¿A qué viene eso ahora? Con el paso de los años el vino siempre mejora.

—Sí, con buena temperatura, con mimos y muy cuidado, moviéndolo de vez en cuando y estando bien embotellado.

Tú no te has preocupado de cumplir con los deberes; eres de esos hombres que no cuidan las mujeres.

Una parte importante que cuida el bodeguero, es ponerle un buen corcho... ¡Bien apretado al agujero!

Si el corcho no encaja bien, tararí, que te vi... Se agria y se deteriora, como me ha pasado a mí.


Antonio y la Tomasa

 Antonio trabaja mucho, llega muy tarde a casa. Lleva poco de casado y esto enfada a la Tomasa.

—Tienes que llegar antes, ¿por qué tanto trabajar? —Tenemos una hipoteca y la tenemos que pagar.

—Llegas siempre muy cansado, vamos de mal en peor; hace ya más de un mes que no hacemos el amor.

—Se lo diré a mi jefe, a ver si me cambia el tajo, aunque lo veo difícil: tenemos mucho trabajo.

No lo cambia de puesto, esto enfada a la Tomasa, al ver que llega hecho unos zorros cada vez más tarde a casa.

Pide por favor al jefe a ver si lo puede cambiar; la Tomasa no le aguanta y se tendrá que divorciar.

Es un buen trabajador, cumple bien en el tajo. El jefe, muy conmovido, va y le cambia de trabajo.

Es un empleo mejor, un poco más descansado, pero llega muerto a casa al no estar acostumbrado.

La Tomasa le esperaba con café, copa y un puro. Él dice que ese día lo ha tenido muy duro.

—Vente rápido a la cama, me lo vas a demostrar: si lo has tenido muy duro... ¡lo tengo que aprovechar!

Mejoró en el trabajo, pero cuando llega a casa, tiene que hacer horas extra por culpa de la Tomasa.

La trampa del noviazgo


Te veo muy ojeroso, Juan, y como algo cansado. No lo encuentro normal... ¿Dime por qué te has casado?

—Cuando me fui de casa, sin los mimos de mi madre, pensé que la soltería sería de puta madre.

La verdad que no fue así y empecé a reflexionar: que para llevar la casa hay mucho que trabajar.

Tenía que hacer la comida, se me da muy mal guisar; peor es hacer la cama y mucho menos planchar.

No sabía lavar la ropa ni poner la lavadora, y para limpiar el baño me tiraba más de una hora.

Me busqué una novia exprés y, casi sin conocerla, me casé rápidamente para que lo hiciera ella.

Me equivoqué totalmente: en el amor es muy buena, pero hacer cosas de casa... dice que no hace esa faena.

Mi abuelo ya me lo dijo: "Si alguna vez te casas, la mujer con uñas largas no hace cosas de casa".

Me dio una alternativa y tenía que escoger: si prefería revolcones, lo tenía yo que hacer.

Con tres trabajos ahora, sin estar acostumbrado... revolcón, limpieza y curro, ¡ando la mar de cansado!

El cumpleaños del soltero de oro


Estaba el bueno de Antonio celebrando su onomástica, bebiendo unos buenos vinos de un modo muy entusiasta.

Entró al bar un buen amigo, uno de los invitados, con una noticia urgente que le dejó anonadado.

—"Antonio, no vas a creerlo, pero te tengo que hablar: tu mujer te pone cuernos, no lo puedes aguantar.

Corre pronto hacia tu casa, conduce sin descansar, que ahora están en plena faena y los puedes atrapar".

Salió como una centella, con la mente ya despierta, y se montó en una moto que vio allí junto a la puerta.

No miraba el recorrido por ir a todo correr; quería pillar al amante junto con su  mujer.

No pasan ni diez minutos cuando lo ven regresar; viene el pobre hecho un Cristo, maldiciendo sin parar.

—"Eres un pésimo amigo, el susto fue de morir. Me estampé con una farola, ¡casi no puedo vivir!".

—"Pero dime —dijo el otro—, en medio de aquel correr, ¿pudiste pillar al tipo que se tira a tu mujer?".

—"¡Vete a tomar por culo por haberme asustado! ¡Que yo no sé llevar motos... y ni siquiera estoy casado!".

El Dilema de Facundo

 


Era un chico espabilado, el hijo del tío Facundo, soñaba desde pequeño con poder cambiar el mundo.

En la escuela no jugaba a juegos de pelear, se sentaba pensativo: ¿qué podría reformar?

Así pasó la niñez, meditando noche y día, sin conectar con amigos, sin ninguna compañía.

Llegó a la edad adulta y el mal se empezó a agravar, no sabía echarse novia por no dejar de pensar.

Pidió consejo al abuelo, que todo lo solucionaba, buscando en su experiencia lo que el viejo aconsejaba.

—"Lo que debes hacer tú, mi pequeño saltamontes, es marcharte de la casa a una cabaña en los montes.

En ese lugar remoto allí podrás disfrutar; llévate a una tía buena que no te deje pensar.

Goza bien de los placeres y solo debes pensar: aunque la tía esté buena, ¡nunca te debes casar!"

—"Viniendo de ti, abuelo, no esperaba tal consejo, si te casaste tres veces... ¿Por qué el vicio, siendo viejo?"

—"La primera conectamos, no había televisiones, sentados en el sofá, cambiábamos opiniones.

Con la segunda fue peor, al llegar la televisión, ni sentarse en el sofá ni compartir opinión.

La tercera fue el desastre, ni hablar de tener razón: ¡no me dejaba cambiar el canal de televisión!"

Hizo caso del abuelo, el hijo del tío Facundo: con una tía buena al lado... es difícil cambiar el mundo.


La herencia de María



El abuelo está muy triste, pues murió su amada María. Era el centro de su vida, lo que él más quería.

Desde Japón llega un nieto, a visitar al abuelo. Al verlo tan afligido, intenta darle consuelo.

—"Trata de vivir la vida, ella ya descansa en el cielo. Dime qué puedo hacer yo, ¿qué es lo que quieres, abuelo?"—

—"Yo solo quiero a tu abuela, y solo quiero llorar. Aunque me encuentre muy solo, no la podré olvidar."—

—"Yo trabajo allá en Japón, donde hay muchísima gente. Solitaria como tú, pero muy inteligente.

Hay una solución clara, para esos inconvenientes: combaten su soledad con muñecas inteligentes.

Te puedo mandar ahora una, con la que puedas hablar, que cumpla tus beneficios y te saque a pasear."—

Llegó por fin la muñeca, y el abuelo respondía: —"Esta no me echa sermones, como hacía mi María."—

Al volver de vacaciones, el nieto buscó al abuelo. Lo encontró de nuevo en llanto, solo y tirado en el suelo.

—"¿Dónde está la muñeca? ¿Acaso se ha averiado, para que estés otra vez tan triste y abandonado?"—

—"Demasiado inteligente... ¡Era muy lista la pava! Quería el piso a su nombre, y si no, me abandonaba.

Cumplió al fin su amenaza, se marchó con el primero, que era más guapo que yo y tenía más dinero.

No hay que fiarse jamás de esas máquinas parlantes. Mejor comprar una hinchable... ¡Muda, como las de antes!"—


2. S

El trio de la Tomasa.


 El marido a su mujer: —Me gustaría un trío, dime si estás dispuesta y si cuento contigo.

—Ni sueñes esas cosas, que yo soy muy decente, con las ideas de antes y además soy creyente.

Me voy a Misa de Gallo, que dura hasta la mañana; no me esperes despierto, te puedes ir a la cama.

La misa se suspendió y regresó la Tomasa, sin rezar un padrenuestro, mucho antes a su casa.

Al entrar al dormitorio, la sorpresa fue divina: el marido está en la cama con la joven vecina.

—Eres un sinvergüenza y un cabrón de marido; ahora me desnudo yo y formaremos el trío.

Los dos están sorprendidos mientras ella se desnuda; se mete pronto en la cama, ¡la va a liar cojonuda!

—Vecina, tú no te vayas, acompáñame en la juerga; daremos una lección a este marido de mierda.

Compinchadas las mujeres, le decían al marido: —Vas a saber lo que es bueno, esto de hacer un trío.

Se turnaron las mujeres, las dos dándole caña; le dejaron más seco que una vieja telaraña.

El hombre no podía más, estaba muy arrepentido, y le juró a su mujer: —Seré un buen marido.

Aprendió bien la lección, no sueña con fantasías; con una mujer le sobra para el resto de sus días.