Tiene un amigo que es gay, un tipo rudo y muy macho, que anda siempre desesperado por ver si "pilla algún cacho".
El amigo le convida a una manifestación, pero le advierte enseguida: «¡Puede haber un buen follón!».
Ni corto ni perezoso se lanza a la agitación; va en la fila delantera con un enorme cartelón.
EL CARTELÓN: "Orgullosos de ser gais, queremos el amor libre, operación financiada y también el cubalibre".
Chocan con un grupo opuesto de distinta ideología; comienzan pronto los gritos, se arma la algarabía.
Unos les llaman cabritos, otros les gritan cabrones; vuelan insultos de clase y estallan ya los follones.
Es una lluvia de objetos que caen desde el cielo; hay puñetazos, patadas y hasta tirones de pelo.
Él pudo salir huyendo, pues se cree muy listo; pero no salió bien parado: ¡lo dejaron como un Cristo!
Al poco encuentra al amigo y le grita: «¡Maricón! ¿Por qué no me explicaste lo que era un buen follón?».
—«Te avisé de antemano, eres tonto o ignorante; si no te gusta el jaleo, ¡haberlo pensado antes!».
—«Perdóname por lo dicho, tienes toda la razón; yo creí que era "follar mucho" cuando hablabas de "follón"».

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