El marido pregunta: —¿Dónde se metió Teresa? Ya es la hora de comer y no se sienta a la mesa.
—Tú sabes que suspendió y es mala para estudiar; la está ayudando el vecino para que pueda aprobar.
—¿Encerrados en el cuarto? ¿Y con la luz apagada? Es el escenario ideal para hacer una guarrada.
—Llámalos rápidamente, que venga ese "ayudante"; los vigilaré de cerca, quiero tenerlos delante.
—Eres un desconfiado, deja ya de sospechar. Hoy comemos bacalao... te puedes atragantar.
—Él es un chico estupendo, me lo dice la vecina; saca sobresaliente en la rama de Medicina.
El padre se pone a comer, bastante malhumorado; al poco se está ahogando con la espina del pescado.
El muchacho reacciona al verle ponerse morado: le mete los dedos en la boca y saca el resto del bacalao.
—Te acaba de salvar la vida el hijo de la vecina; deberías darle las gracias por estudiar Medicina.
—Me acaba de confirmar algo que ya me temía: ¡ha estado practicando con la Ginecología!

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