Marido desconsolado,
para él esto es muy duro.
Reza con gran devoción:
se acaba de quedar viudo.
Todos al darle el pésame recuerdan lo buena que era. Trabajadora incansable, una mujer de primera.
Sabía coser y bordar, lavaba muy bien la ropa. Cocinaba un buen cocido, con mucho sabor la sopa.
Era amable y simpática, todo lo hacía deprisa. Regañaba a su marido por no querer ir a misa.
Un conjunto de virtudes imposible de olvidar. Por eso el pobre marido no paraba de llorar.
Murió demasiado joven, nadie lo puede creer. Le preguntan al marido: «¿De qué murió tu mujer?».
Se le asoma algún moquillo, no sabe qué responder. Le pregunta al doctor: «¿De qué murió mi mujer?».
«Creo que haciendo el amor se debió recalentar. Tuvo un fallo multiorgásmico que no pudo soportar».
Las mujeres presentes no se lo pueden creer. Le piden que enseñe el arma con que mató a su mujer.
«No pienso enseñar el arma, sería un gran cachondeo. Es de calibre muy corto y con balas de fogueo».
«Soy un pobre inocente, ella siempre me decía: "Tu arma dispara pronto y siempre me deja fría"».

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