Pedro va a pedir la mano, el joven va de sobrado, sin saber que el futuro suegro es un tío muy agarrado.
Es un padre a la antigua que jamás se fumó un porro, y ahora tiene dinero fruto de su gran ahorro.
Él desea comprobar, antes de decirte nada, si eres de la mano suelta o de la mano cerrada.
Le dio una vieja gallina, él no entiende el motivo: —Es una prueba que te hago por ver si eres ahorrativo.
La próxima vez que le ve, de una manera muy fina, le pregunta sonriendo: —¿Qué hiciste con la gallina?
—Esa gallina era vieja, ya no ponía ni un huevo; se la entregué a mi madre para que hiciera el puchero.
Aproveché bien la sangre, el corazón, higaditos... con todo aquello revuelto me preparé un cuchifrito.
Trituré pico y huesos hasta dejarlos como harina, y luego hice cubitos para el caldo de gallina.
Tengo las plumas guardadas. Cuando me de otra gallina; me puedo hacer dos almohadas.
Limpié bien todas las tripas, me hice preservativos... No le considero tonto para ignorar los motivos.
La mierda no la tiré, es lo único que ha sobrado; se la traigo bien seca: ¡puede hacerse un Colacao! ¿Dígame usted ahora:¿Quien es el más aprovechado?
