Desayuno a la lumbre
Un pobre y una pobre se tuvieron que juntar; como no tenían dinero, no se podían casar.
El cura no los casaba, entendieron el porque; no daba bodas a plazos, solo quería el parné.
Se juntaron ellos dos sin pensar en el mañana, y mataban el antojo cuando les daba la gana.
Pero al faltar el dinero les entró la cordura: cuando se pasa hambre, se enfría la calentura.
En el pueblo no hay trabajo y empiezan a sufrir; ella siempre le pregunta: "¿De qué vamos a vivir?".
"Pasamos una racha mala, ya vendrá una mejor; como nos queremos tanto, viviremos del amor".
Les cortaron la luz y les cerraron el gas; los echaban de la casa y otras penurias más.
No se rindieron por eso y tomaron la costumbre: lo poco que cocinaban, lo hacían en la lumbre.
Un día por la mañana, rompiendo la costumbre, vio a su mujer con la falda levantada calentandese en la lumbre.
"¿Cariño, qué estás haciendo?". "Amor, hoy es día de ayuno, y como no tenemos nada... ¡te caliento el desayuno!".