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sábado, 27 de junio de 2026

Cinco parroquias y un burro


 

El cura monta en su burro, siempre andaba con mil prisas; cinco parroquias tenía y en todas debía dar misa.

Aquello era un sinvivir, era demasiado curro, y el que peor lo pasaba era el pobrecito burro.

Le llevaba bien trotando por caminos y laderas, a veces por malas sendas donde no había carreteras.

Le ataba siempre en el porche y no le daba comida; decía que oyendo misa el animal se nutría.

Un vecino lo vio flaco y le dio bastante pena; le llevó alfalfa y buen grano para la comida y cena.

Pero el cura se lo quitó: «El burro no lo necesita, se mantiene oyendo misa y un poco de agua bendita».

Al final el burro cascó, el cura quedó hecho cisco, y sin tener más remedio fue a contárselo al Obispo.

El Obispo no quiso saber nada, ni hablar de darle un repuesto: «Tu obligación es predicar y encargarte de los muertos».

«Sé bien cuál es mi deber, lo predico cada día, pero también es mi obligación ¡avisar a su familia!».