Llega cabreado a casa, Juanito, el cazador; sin cazar ninguna presa, nunca tuvo un día peor.
Le dice a la Manuela: —Hoy vengo con muchas ganas, ponme rápido la cena que me quiero ir a la cama.
—A mí no me metas prisa, también estoy cabreada. He tenido un día de perros y yo no soy tu criada.
Si tienes mucha prisa y no puedes esperar, te jodes y te aguantas, haber aprendido a guisar.
—En mis tiempos las comidas eran cosas de mujeres, y mimaban a los hombres que hacían otros deberes.
—Han cambiado los tiempos, si no aprendes a guisar, seguro que muchos días te acostarás sin cenar.
—Eres una esposa estupenda y el amor de mi vida, pero nunca resaltas alguna cualidad mía.
—Para ser un buen esposo tienes pocas cualidades; si me tiras de la lengua, te soltaré unas verdades.
Tienes que andar más listo para cazar un conejo; ya no tienes veinte años y te estás volviendo viejo.
Con solo ver el conejo tu escopeta se dispara, y si quieres repetir, la tienes encasquillada.
