Justicia Divina
La perfecta esposa murió, se presentó ante San Pedro; este examinó el historial de lo que hizo en el pueblo.
—Tienes un historial perfecto, nunca llegaste a pecar, no engañaste a tu marido y te debemos premiar.
Aquí tienes unas alas, con ellas podrás volar; es el premio más valioso que podemos otorgar.
Con esas alas, María quiso volar a su nido; quería regresar al pueblo y visitar al marido.
San Pedro le comunica: —No seas impaciente, María, tu esposo estirará la pata dentro de muy pocos días.
—Me acuerdo mucho de él, era el esposo perfecto, no miraba a otras mujeres, no tenía ni un defecto.
María volaba donde quería, recorría el firmamento, buscando encontrar al marido; lo tenía en el pensamiento.
Por fin lo pudo encontrar: ¡estaba hecho una mierda! Llorando desconsolado, pensó que era por ella.
—Cariño, ya te encontré, no me separaré de tu lado. Al examinar tu historial, ¿dime con qué te han premiado?
—Han leído mi historial, es por eso que estoy llorando: ¡me quitaron la bicicleta y ahora tengo que ir andando!