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martes, 3 de febrero de 2026

El Pastor y la Terrateniente 1


 

Romance de la Terrateniente

Él era un pobre pastor, ella una terrateniente. Por miedo a su gran riqueza, no tuvo un pretendiente.

Se le pasa ya el arroz y no consigue ligar. Se marcha sola hacia el campo a ver qué puede pillar.

Enamorada del mozo, va al campo para mirarlo; desde lo alto de una loma, a lomos de su caballo.

Mirándolo entusiasmada, el animal sufre un susto: por culpa de una culebra, la tira sobre un arbusto.

Sufre algunos arañazos, de la rodilla hacia arriba. No se puso pantalones, fue muy poco precavida.

Sentada queda en el suelo, muy triste y muy asustada. Llama a voces al pastor, pues quiere ser auxiliada.

—¡Desnúdese, señorita!— tras los fuertes costalazos, pues al caer en espinos le han quedado arañazos.

Al contemplarla desnuda, él no sabe qué pensar. Son heridas de la piel, pero hay que desinfectar.

Ante tal situación, sin tener desinfectante, ¿qué puede hacer el pastor para seguir adelante?

¿Yo no lo sé? No lo sé. Vosotros podéis pensarlo; en el próximo episodio trataré de averiguarlo.


 

El Pastor y la terrateniente. Nº 2

 

El Pastor y la terrateniente n.º
2

Después de tanto buscar, halló el desinfectante.

 Dice la moza al pastor: —Seguro que a ti te pasan mil cosas como estas; dime, cuando te arañas, ¿con qué te desinfectas las heridas que te rasgan?

—Sí que recibo arañazos, pero los curo en un plis; en el campo estas cosas se desinfectan con pis.

 —Pues dale caña al asunto, no me hagas esperar. ¡Me están picando un montón, empieza a desinfectar!

Con la jeringa en la mano le empiezan los temblores; ella, al sentir el contacto, rompe en fríos sudores. 

Llega al rasguño profundo y se detiene un momento. Ella le dicta la orden: —¡Desinféctalo por dentro!

Al ser la hija del patrón, la tiene que obedecer. Su padre le paga el sueldo, ¿qué otra cosa puede hacer?

 Un mes de curas al día... y no cura ni de chiripa. El pastor está más flaco, a ella le crece la tripa.

El padre dice a la moza: —Te crecen tripa y tetas, dime si has ido al huerto y has usado cebolleta. 

—Padre, eres un malpensado, creo que te estás pasando; es que hago poco ejercicio y por eso estoy engordando.

—Tu padre sabe de sobra por qué crece tu barriga: te vas al campo a diario... y te caes boca arriba. 

Lo mejor es que te cases, serás una linda novia. Se casó con el cabrero y aquí se acaba la historia.