Romance de la Terrateniente
Él era un pobre pastor, ella una terrateniente. Por miedo a su gran riqueza, no tuvo un pretendiente.
Se le pasa ya el arroz y no consigue ligar. Se marcha sola hacia el campo a ver qué puede pillar.
Enamorada del mozo, va al campo para mirarlo; desde lo alto de una loma, a lomos de su caballo.
Mirándolo entusiasmada, el animal sufre un susto: por culpa de una culebra, la tira sobre un arbusto.
Sufre algunos arañazos, de la rodilla hacia arriba. No se puso pantalones, fue muy poco precavida.
Sentada queda en el suelo, muy triste y muy asustada. Llama a voces al pastor, pues quiere ser auxiliada.
—¡Desnúdese, señorita!— tras los fuertes costalazos, pues al caer en espinos le han quedado arañazos.
Al contemplarla desnuda, él no sabe qué pensar. Son heridas de la piel, pero hay que desinfectar.
Ante tal situación, sin tener desinfectante, ¿qué puede hacer el pastor para seguir adelante?
¿Yo no lo sé? No lo sé. Vosotros podéis pensarlo; en el próximo episodio trataré de averiguarlo.

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