El Pastor y la terrateniente n.º
2
Después de tanto buscar, halló el desinfectante.
Dice la moza al pastor: —Seguro que a ti te pasan mil cosas como estas; dime, cuando te arañas, ¿con qué te desinfectas las heridas que te rasgan?
—Sí que recibo arañazos, pero los curo en un plis; en el campo estas cosas se desinfectan con pis.
—Pues dale caña al asunto, no me hagas esperar. ¡Me están picando un montón, empieza a desinfectar!
Con la jeringa en la mano le empiezan los temblores; ella, al sentir el contacto, rompe en fríos sudores.
Llega al rasguño profundo y se detiene un momento. Ella le dicta la orden: —¡Desinféctalo por dentro!
Al ser la hija del patrón, la tiene que obedecer. Su padre le paga el sueldo, ¿qué otra cosa puede hacer?
Un mes de curas al día... y no cura ni de chiripa. El pastor está más flaco, a ella le crece la tripa.
El padre dice a la moza: —Te crecen tripa y tetas, dime si has ido al huerto y has usado cebolleta.
—Padre, eres un malpensado, creo que te estás pasando; es que hago poco ejercicio y por eso estoy engordando.
—Tu padre sabe de sobra por qué crece tu barriga: te vas al campo a diario... y te caes boca arriba.
Lo mejor es que te cases, serás una linda novia. Se casó con el cabrero y aquí se acaba la historia.

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