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miércoles, 1 de julio de 2026

Manolete y la suegra

 

Manolete va a ver a la novia, una visita sencilla, y le recibe la madre, que es un poco cotilla.

—Mi hija está en el baño, la tendrás que esperar. Siéntate en el sofá y nos ponemos a hablar.

Vas a ser de la familia cualquier día de estos. Te voy a hacer un examen para saber tus defectos.

¿Fumas tabaco o porros, o te metes cocaína? ¿Cómo andas de salud? ¿O te tomas medicinas?

¿Eres buen trabajador o siempre andas cansado? Dime qué estudios tienes o si eres un simple empleado.

¿Eres un malgastador o más bien ahorrativo? ¿Te gusta solo mi hija? Explícame el motivo.

—No tengo vicio ninguno, el trabajo es mi pasión. No soy un simple empleado; yo soy jefe de sección.

Quiero con locura a su hija, no miro a otras mujeres. Cuando me case con ella, cumpliré con mis deberes.

—Nunca lo hubiera creído, eres el yerno perfecto. Eso no existe hoy en día... ¡Dime al menos un defecto!

—Esta sección de preguntas me dejó muy dolorido. ¡Mi mayor defecto es ser... ¡mentiroso compulsivo!

El tabaco de Juanillo.



El Juanillo se marchó; ha pasado mucho rato. «El estanco está a la vuelta, dijo que iba por tabaco».
 La mujer ni almorzó ni comió esperando a su marido. Piensa que se despistó; es un hombre distraído.
No cree que su marido la abandone de repente. Ella nunca dice no, amorosa y complaciente. 
En el pueblo no hay de esas nuevas drogas tan modernas. Si una vez falta tabaco, el Juanillo fuma hierbas.
Han pasado tres años y él sigue sin aparecer. Ella, ni soltera ni viuda, en edad de merecer.
 La gente que la conoce le dice: «No tengas prisa». Ella gastó los ahorros en velas y muchas misas.
Eran un hogar feliz, todos les tenían envidia... Él era un buen trabajador y un buen padre de familia. 
Era el día de San Antonio, un día muy señalado, y se presentó el Juanillo, muy flaco y demacrado.
La mujer va y le pregunta: «¿Dónde fuiste por tabaco, para tardar tanto tiempo y venir hecho un farrapo?».
 «Ahora mismo regreso, esta vez sí que no tardo. Regresé sin el tabaco; se me olvidó comprarlo».
La mujer cerró la puerta y le dijo en tono duro: «Olvídate del tabaco, que yo necesito un puro...».