—Madre, deseo casarme y no sé a cuál escoger. Tú, que tienes experiencia, dime qué puedo hacer.
Me pretenden los jóvenes, de mediana edad y viejos. Por eso, querida madre, necesito tus consejos.
—No elijas a un joven, eso es pura tontería; te estará dando la lata por la noche y por el día.
Lo mejor es uno viejo: pronto te quedarás viuda, después te ligas a un joven... ¡una vida cojonuda!
—Qué consejo tan extraño, que me case con un viejo; rápido se pone agrio como el vino en un pellejo.
—No es malo mi consejo,
aunque eso pienses tú:
el viejo lo mete y no lo saca;
el joven la saca, antes que tú.
El viejo lo mete al mes y se olvida de sacarlo; te queda el mes siguiente tiempo para disfrutarlo.
—No entiendo nada de nada de lo que me estás contando: ¿que el viejo siempre lo mete y yo lo vaya sacando?
—Eres novata, hija mía, solo piensas en "jugar"; no captaste la indirecta y te la voy a explicar.
Como eres una pava, esta es la conclusión: el viejo mete el dinero y tú gastas la pensión.
