«Marido, llévame a bailar, no sé qué leches te pasa. Te apoltronas en el sofá y nunca sales de casa.
¿Dónde quedó ese marido que me sacaba a bailar? Ahora no me da ni un beso ni me quiere pasear.
Aquel alegre y presumido se afeitaba cada día; yo hasta sentía celos si el miraba otra tía.
Aquel que pronto despertaba y muy tarde se acostaba, que siempre estaba dispuesto con la escopeta cargada.
Ese que tocaba mi cuerpo y me subía hasta el cielo, y ahora no me levanta aunque me vea en el suelo.
Aquel hombre romántico que decía que me quería, ahora duerme en otra cama sin darme los buenos días.
No sé si tiene otro amor o si entró ya en el declive; no sé si vigilar yo o ponerle un detective.
A veces no me escucha, otras veces se hace el lelo; no sé si es que está sordo o me está tomando el pelo.
Ahora se hace el dormido y lo voy a despertar: ¡que es el día de mi cumple y quiero salir a bailar!
—Deja de soñar, mujer, termina con esa obsesión... ¡Si tú usas andador y yo cojo y con bastón!».

