La Juani va de paseo, lleva a su amiga del brazo. Han salido de parrandeo a tomarse un lingotazo.
No invitan a los novios, eso es muy aburrido. Es como la esposa fiel que no sale sin marido.
Al pasar frente a un motel por poco se cae muerta. Es el coche de su padre, está aparcado en la puerta.
Ese padre tan leal, ese padre tan tierno... No entiende el porqué pone a su madre los cuernos.
Con una rabia incontenida que no puede controlar, se acerca con una piedra y se lo empieza a rayar.
Está como poseída, es tan grande su enfado. No contenta con rayarlo, va y le destroza los faros.
No se lo dirá a su madre, que su querido marido no es su fiel compañero, es un cabrón pervertido.
Aguantará a ese padre, le verá de otra manera. Sería una cana al aire, no cree que repitiera.
Por la mañana temprano ve a su padre llorando. Si anoche estuvo de juerga, no sabe qué está pasando.
—Tu novio me pidió el coche, él lo tenía averiado. Lo devolvió hecho una mierda... digamos que destrozado.
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