El Juanillo se marchó; ha pasado mucho rato.
«El estanco está a la vuelta, dijo que iba por tabaco».
La mujer ni almorzó ni comió esperando a su marido.
Piensa que se despistó; es un hombre distraído.
No cree que su marido la abandone de repente. Ella nunca dice no, amorosa y complaciente.
No cree que su marido la abandone de repente. Ella nunca dice no, amorosa y complaciente.
En el pueblo no hay de esas nuevas drogas tan modernas.
Si una vez falta tabaco, el Juanillo fuma hierbas.
Han pasado tres años y él sigue sin aparecer. Ella, ni soltera ni viuda, en edad de merecer.
Han pasado tres años y él sigue sin aparecer. Ella, ni soltera ni viuda, en edad de merecer.
La gente que la conoce le dice: «No tengas prisa».
Ella gastó los ahorros en velas y muchas misas.
Eran un hogar feliz, todos les tenían envidia... Él era un buen trabajador y un buen padre de familia.
Eran un hogar feliz, todos les tenían envidia... Él era un buen trabajador y un buen padre de familia.
Era el día de San Antonio, un día muy señalado,
y se presentó el Juanillo, muy flaco y demacrado.
La mujer va y le pregunta: «¿Dónde fuiste por tabaco, para tardar tanto tiempo y venir hecho un farrapo?».
La mujer va y le pregunta: «¿Dónde fuiste por tabaco, para tardar tanto tiempo y venir hecho un farrapo?».
«Ahora mismo regreso, esta vez sí que no tardo.
Regresé sin el tabaco; se me olvidó comprarlo».
La mujer cerró la puerta y le dijo en tono duro: «Olvídate del tabaco, que yo necesito un puro...».
La mujer cerró la puerta y le dijo en tono duro: «Olvídate del tabaco, que yo necesito un puro...».
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