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miércoles, 1 de julio de 2026

El tabaco de Juanillo.



El Juanillo se marchó; ha pasado mucho rato. «El estanco está a la vuelta, dijo que iba por tabaco».
 La mujer ni almorzó ni comió esperando a su marido. Piensa que se despistó; es un hombre distraído.
No cree que su marido la abandone de repente. Ella nunca dice no, amorosa y complaciente. 
En el pueblo no hay de esas nuevas drogas tan modernas. Si una vez falta tabaco, el Juanillo fuma hierbas.
Han pasado tres años y él sigue sin aparecer. Ella, ni soltera ni viuda, en edad de merecer.
 La gente que la conoce le dice: «No tengas prisa». Ella gastó los ahorros en velas y muchas misas.
Eran un hogar feliz, todos les tenían envidia... Él era un buen trabajador y un buen padre de familia. 
Era el día de San Antonio, un día muy señalado, y se presentó el Juanillo, muy flaco y demacrado.
La mujer va y le pregunta: «¿Dónde fuiste por tabaco, para tardar tanto tiempo y venir hecho un farrapo?».
 «Ahora mismo regreso, esta vez sí que no tardo. Regresé sin el tabaco; se me olvidó comprarlo».
La mujer cerró la puerta y le dijo en tono duro: «Olvídate del tabaco, que yo necesito un puro...».

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