—Tienes que llegar antes, ¿por qué tanto trabajar? —Tenemos una hipoteca y la tenemos que pagar.
—Llegas siempre muy cansado, vamos de mal en peor; hace ya más de un mes que no hacemos el amor.
—Se lo diré a mi jefe, a ver si me cambia el tajo, aunque lo veo difícil: tenemos mucho trabajo.
No lo cambia de puesto, esto enfada a la Tomasa, al ver que llega hecho unos zorros cada vez más tarde a casa.
Pide por favor al jefe a ver si lo puede cambiar; la Tomasa no le aguanta y se tendrá que divorciar.
Es un buen trabajador, cumple bien en el tajo. El jefe, muy conmovido, va y le cambia de trabajo.
Es un empleo mejor, un poco más descansado, pero llega muerto a casa al no estar acostumbrado.
La Tomasa le esperaba con café, copa y un puro. Él dice que ese día lo ha tenido muy duro.
—Vente rápido a la cama, me lo vas a demostrar: si lo has tenido muy duro... ¡lo tengo que aprovechar!
Mejoró en el trabajo, pero cuando llega a casa, tiene que hacer horas extra por culpa de la Tomasa.

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