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jueves, 8 de enero de 2026

El Dilema de Facundo

 


Era un chico espabilado, el hijo del tío Facundo, soñaba desde pequeño con poder cambiar el mundo.

En la escuela no jugaba a juegos de pelear, se sentaba pensativo: ¿qué podría reformar?

Así pasó la niñez, meditando noche y día, sin conectar con amigos, sin ninguna compañía.

Llegó a la edad adulta y el mal se empezó a agravar, no sabía echarse novia por no dejar de pensar.

Pidió consejo al abuelo, que todo lo solucionaba, buscando en su experiencia lo que el viejo aconsejaba.

—"Lo que debes hacer tú, mi pequeño saltamontes, es marcharte de la casa a una cabaña en los montes.

En ese lugar remoto allí podrás disfrutar; llévate a una tía buena que no te deje pensar.

Goza bien de los placeres y solo debes pensar: aunque la tía esté buena, ¡nunca te debes casar!"

—"Viniendo de ti, abuelo, no esperaba tal consejo, si te casaste tres veces... ¿Por qué el vicio, siendo viejo?"

—"La primera conectamos, no había televisiones, sentados en el sofá, cambiábamos opiniones.

Con la segunda fue peor, al llegar la televisión, ni sentarse en el sofá ni compartir opinión.

La tercera fue el desastre, ni hablar de tener razón: ¡no me dejaba cambiar el canal de televisión!"

Hizo caso del abuelo, el hijo del tío Facundo: con una tía buena al lado... es difícil cambiar el mundo.


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