El abuelo está muy triste, pues murió su amada María. Era el centro de su vida, lo que él más quería.
Desde Japón llega un nieto, a visitar al abuelo. Al verlo tan afligido, intenta darle consuelo.
—"Trata de vivir la vida, ella ya descansa en el cielo. Dime qué puedo hacer yo, ¿qué es lo que quieres, abuelo?"—
—"Yo solo quiero a tu abuela, y solo quiero llorar. Aunque me encuentre muy solo, no la podré olvidar."—
—"Yo trabajo allá en Japón, donde hay muchísima gente. Solitaria como tú, pero muy inteligente.
Hay una solución clara, para esos inconvenientes: combaten su soledad con muñecas inteligentes.
Te puedo mandar ahora una, con la que puedas hablar, que cumpla tus beneficios y te saque a pasear."—
Llegó por fin la muñeca, y el abuelo respondía: —"Esta no me echa sermones, como hacía mi María."—
Al volver de vacaciones, el nieto buscó al abuelo. Lo encontró de nuevo en llanto, solo y tirado en el suelo.
—"¿Dónde está la muñeca? ¿Acaso se ha averiado, para que estés otra vez tan triste y abandonado?"—
—"Demasiado inteligente... ¡Era muy lista la pava! Quería el piso a su nombre, y si no, me abandonaba.
Cumplió al fin su amenaza, se marchó con el primero, que era más guapo que yo y tenía más dinero.
No hay que fiarse jamás de esas máquinas parlantes. Mejor comprar una hinchable... ¡Muda, como las de antes!"—

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