Lo invitan a cenar, él está muy encantado; le gusta mucho la carne, pero más el buen pescado.
Es estupenda la suegra, se lo curra con creces, sirviendo para la cena variados entremeses.
Bebe varios vinos, se pone tontorrón; se le sube a la cabeza y pierde ya la razón.
Una mano por encima, la otra bajo la mesa; como busca su pescado, toca a la novia la almeja.
El suegro ve la jugada, nota que es algo marrano: «¡Para comer —le dice—, usa mejor las dos manos!».
Interrumpe la faena, toma el pan con la izquierda; es un queso de primera y jamón de pata negra.
Como está en otro mundo y es un poco despistado, les comenta a los suegros: «¡Qué rico está este pescado!».
«Céntrate en la comida, deja las manos quietas; que ahora vendrá el postre... ¡Y dirás que sabe a setas!».
La novia se pone roja, la cena se va a la mierda, y él se marcha a su casa con jamón de pata negra.-

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