Polivalentes los niños
Polivalentes los niños, teníamos que valer para todo: hasta llevar a la vaca a que la montara el toro.
Un padre le dice al niño: —Ponle a la vaca el ramal, y llévala donde el toro, que la tiene que montar.
Ten mucho cuidado, hijo, que no te dé una patada; no sea que el toro se embale y te suelte una cornada.
—Átale, una soga larga, que no se pueda soltar, pues si ella no está dispuesta, se te podría escapar.
El niño agarra a la vaca, la guía con gran ternura, pero a mitad del camino, se tropieza con el cura.
—¿A dónde vas tú, rapaz, con la vaca tan atada? —A que la monte aquel toro, a ver si queda preñada.
—Lo que haces es peligroso, no lo sabrá ni tu madre; esto no es cosa de niños, debería hacerlo tu padre.
—Mi padre ya lo intentó, y no sirvió para nada; si el toro no la monta ahora, no quedará la preñada.
El cura se fue asombrando, santiguándose al andar: —¡Vaya cosas de estos tiempos, que ni el padre sabe ya!

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