El Genio de las Finanzas
Dudaba de su mujer, y lo que aún era peor: le dolía la cabeza, nunca hacían el amor.
Su trabajo era una mierda, él no era ningún artista; como tantos españoles, era un simple mileurista.
Su mujer era estupenda, merecía sus alabanzas: ahorraba mil euros al mes, ¡un genio de las finanzas!
Difícil de comprender, hasta para un ignorante; cada día sospecha más que ella tiene un amante.
Su sospecha se confirma, los pilla en plena acción: «¡Voy a cortarle los huevos a ese pedazo cabrón!».
—Marido, piénsalo un poco, no le cortes los cojones; te quedas sin casa y coche, no habrá más vacaciones.
Esto detiene al marido, que se queda meditando, mientras el amante espera en la cama tiritando.
Rápido coge una manta, ella cree que va a asfixiarlo, pero con delicadeza él se dispone a arroparlo.
—¿Marido, qué coño haces? ¿No lo ibas a liquidar? —Con la mierda de tu sueldo, jamás podrías ahorrar.
No me tildes de loco, soy un tío muy cuerdo: cuidaré con cariño este aumento de sueldo.
Ya no importa la cornamenta, ni el orgullo, ni el honor; si el amante paga el coche, ¡que viva el trío y el amor!

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