El Mandil y el Delantal
Es un pequeño recuerdo a unas prendas sin igual, hoy puestas en el olvido: el mandil y el delantal.
Prendas que son muy antiguas con infinidad de usos; como una navaja suiza, fueron prendas multiusos.
Se veían en las abuelas, que en aquel gran bolsillo lo mismo guardaban todo... ¡Parecía un rastrillo!
Cuando algo se rompía, en verano o en invierno, echaban mano al mandil y ponían un remiendo.
Si la abuela te veía que te colgaba el moquillo, la solución la tenía ahí mismo, en el bolsillo.
Por debajo del mandil, las había con mucha maña; con gran disimulo ellas se rascaban la castaña.
Si el novio le comentaba: —"¿Cómo estás, vida mía?"—, levantando dicha prenda sabía lo que quería.
Y si sentía vergüenza al ver una cosa rara, esas prendas le valían para taparse la cara.
Si esto pasara ahora, causaría mucha risa; antes solo lo quitaban para asistir a la misa.
Hoy quedan en el baúl, descansando en el olvido, pero guardan el aroma de lo mucho que han querido.

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