En la fiesta de San Juan, para buscarme una novia, te puse un ramo de guindas con una dedicatoria.
Te puse un hermoso ramo sin quitarle una cereza, pues te mereces el mundo por tu gracia y tu belleza.
Subí a lo alto del tejado, te puse el ramo, mi vida; si me quieres, dímelo, que tu mano será pedida.
Para ponerte ese ramo mucho he tenido que sufrir, pero por lograr tu amor no dejaré de insistir.
Anoche, sin luna llena, subí hasta tu tejado; son locuras que se hacen por estar enamorado.
Si tu padre se enterase de que rompí un par de tejas, me hincharía bien el morro y tiraría de mis orejas.
Si nuestra relación quieres al fin formalizar, te espero cuando oscurezca escondido en el pajar.
Más si el padre se enteraba y uno no era de su agrado, ¡te daba un tiro en el culo y salías mal parado!
Era todo muy romántico, arriesgado y divertido; es una verdadera pena lo mucho que se ha perdido.

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